La rubia de los tacos aguja

La tarde en que traté de impresionar a Claudia Lopetegui, con un discurso sobre lo simple y lo complejo, fue justo la ocasión que eligió Arnaldo Amuchástegui para revelarnos que había perdido la cabeza por ella, por nuestra compañera de la facultad. No podía haber sido un momento más desafortunado, sobre todo, en vista de lo que ocurriría después. En cuanto Arnaldo se fue, uno de los presentes vaticinó: cero de posibilidad, así de simple. Otro acotó: el conjunto vacío, refiriéndose al espacio donde Claudia tal vez pudiera darle una oportunidad. Alguien propuso entonces apostar, pero no, no hubo caso, todos íbamos por la variante del fracaso rotundo.

Claudia Lopetegui, la rubia de los tacos aguja, como solíamos llamarle, habitaba la mente de más de uno de mis compañeros de comisión. Esos tacos iban y venían, de oreja a oreja sin dejarnos pensar en otra cosa, excepto en quitarle los tacos, por supuesto, y todo lo que más pudiéramos. Pero salvo alguna excepción, como la tarde del discurso inoportuno, rara vez osábamos a acercarnos a ella, más bien la contemplábamos a la distancia, con sus aires de realeza, con su prestancia empalagosa, la de quien está perfectamente al corriente de lo que genera a su alrededor. Casi todos, secretamente, urdimos planes insensatos para abordarla. Casi todos, es cierto, pero nadie tuvo el valor, excepto Arnaldo Amuchástegui, el más callado de todos, que terminó siendo, en definitiva, el único inconsciente que se aventuró a la tarea de conquistarla.

Los espectadores nos pusimos entonces en alerta. Nada como la noticia de un cortejo desbalanceado para atraer el morbo y el regodeo de toda la comisión. Y así, entre las clases teóricas y de trabajos prácticos, entre pupitres desvencijados, columnas de hormigón y pizarras repletas de fórmulas, entre matraces, cristales y vasos de precipitado; entre burbujas, pipetas y emulsiones, fuimos siendo testigos de cada insinuación. A cada lance le seguía su correspondiente evasiva; a cada movimiento, su anunciado rechazo. La matemática es simple, las probabilidades no fallan, decíamos. Porque si hay algo de lo que estábamos convencidos, incluso sus propios amigos, era de que no tenía chance de lograr su cometido… Pero Arnaldo no se dejó desmoralizar, por más funestas que hubieran sido nuestras predicciones. Nuestro compañero, abruptamente envalentonado, no dejó estrategia por ensayar. Todo lo probó, haciendo oídos sordos a nuestros consejos, que lo encomiábamos a actuar con cierta racionalidad, medianamente acorde a la carrera que cursábamos. ¿A dónde iba a llegar sino al ridículo? ¿Cuándo iba a detenerse?

Había transcurrido ni mucho ni poco desde este vendaval de insinuaciones, cuando Claudia Lopetegui se apersonó en mi domicilio. Con la excusa de un trabajo práctico pendiente, se dio cita sin más aviso que sus tacos, que escuché con anticipación apenas pisó la esquina. La recibí desconcertado. No pidió permiso y pasó a mi dormitorio. No quería testigos, y menos alguno de los inquilinos de mirada maliciosa con quienes comparto el alquiler. Dejó su chaqueta roja y su cartera con flecos, también roja, sobre una pila de fotocopias de libros de estudio. Patee de prisa un calzoncillo debajo de la cama y me acomodé cubriendo las heridas abiertas de mi viejo acolchado, un cubrecama ajedrezado y desteñido. Claudia caminó hacia un rincón y me dio la espalda. A través de la ventana sin cortinas, su vista se perdió entre la maraña de cables y chucherías oxidadas en el techo del vecino.

¿Cómo me ves?, me preguntó. Como alguien que siempre se sale con la suya, pensé, sin decirlo. Todos sabíamos que Claudia no sólo era bonita, también era el mejor promedio de la comisión. Era un ser destinado a cumplir con sus metas, concluí en silencio, un silencio que gritaba que, ignominiosamente, esta vez algo se había interpuesto en su camino. Si no, ¿por qué su presencia en mí cuarto? Dicha incidencia solo podía justificarse si algo había interferido, precisamente, entre la realidad y la imagen que ella tenía de sí misma.

Sopesé un abanico de posibilidades, de las más factibles a las más incongruentes, considerándose que se trataba de una mujer enérgica, inteligente y extrovertida. Evalué todas las alternativas, todas, menos la que terminó siendo, la única que a priori no podía ser: había perdido la cabeza por Arnaldo Amuchástegui. ¿Cómo? Ella no lograba explicárselo. Yo menos.

—¿Y ahora qué? —Me preguntó, girándose de golpe—. No me atiende el teléfono y mirá cómo me pongo. ¿Quién puede estudiar en este estado?  Mi vida es un caos, me he convertido en un manojo de fibras que ya no son capaces de estudiar, de dormir, de reír, de convencerse de nada.

—Tranquila —atiné a opinar—. No tenés de qué preocuparte. Siendo así, realmente es muy simple, contás con el 100% de las probabilidades a tu favor. Solo tenés que decirle que sí.

—Tenés razón, —me dijo, respirando hondo—, Arnaldo y yo somos dos polos opuestos. Por eso la atracción. Tenemos que terminar juntos. La ecuación es simple, ¿no es cierto?

Sonó el teléfono y me escabullí hacia el baño. Era Arnaldo que quería un libro de análisis matemático. Estaba estudiando para el examen de la próxima semana. ¿Qué hacer? ¿Revelarle su éxito inesperado? ¿No decirle la novedad y dejarlo estudiar? Por un instante me sentí dueño de un poder supremo. Dueño del secreto más codiciado de nuestro pequeño rincón del universo.

Sin embargo, prioricé la amistad. Revelé mi secreto y luego volví, devastado, a terminar la conversación con Claudia Lopetegui, la rubia de los tacos aguja. Apenas me vio rompió en llanto, era evidente que el teléfono de Arnaldo funcionaba perfectamente: él, adrede, no había atendido su llamada. Ella ya se imaginaba lo que había pasado. Me miró de tal modo que me dejó sin argumentos. Era inútil buscar explicaciones estadísticas. Para colmo, no encontré ni un pañuelo de papel. Debí confirmarle en seco que Arnaldo Amuchástegui, vaya a saber con qué motivo, ahora solo tenía ojos para otra.

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Un texto es una creación de la mente, como cualquier conocimiento, como cualquier ciencia

El título de este artículo corresponde a una frase del ensayo de Jorge Wagensberg “Yo, lo superfluo y el error”.

A continuación, el párrafo inicial del primer capítulo de dicho libro:

“Todo lo que no es la realidad misma es una ficción de la realidad. Cualquier representación mental de la realidad es una ficción. La literatura es una ficción de la realidad. Cualquier género literario, incluido el ensayo, es en rigor una ficción. La ciencia también es una ficción de la realidad, pero una ficción todo lo objetiva, inteligible y dialéctica que, en cada momento y lugar, sea posible”.

Título y párrafo son una excelente muestra del estilo y lucidez del autor. Jorge Wagensberg es Dr. en Física, Profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Universidad de Barcelona y eminente divulgador científico. Además de contar con numeroso libros, fue director del museo CosmoCaixa y actualmente dirige la colección Metatemas, de Editorial Tusquets, destinada a explorar diversos aspectos de la ciencia, entre ellos, su relación con la literatura.

Como científico que es, el abordaje de su obra se piensa fundamentalmente desde los requisitos que un hombre de ciencia debe enfrentar para acercarse al terreno literario. Al respecto, se focaliza en tres principios del método científico que deben romperse para alcanzar algo semejante a un género que él denomina literatura científica. A su criterio, los tres principios que deben quebrantarse son: el principio de objetivización, (que expulsa al Yo de la ciencia); el de inteligibilidad, (que erradica lo superfluo), y el dialéctico, (que condena el error en la ciencia).

La primera parte del libro está escrita en el formato clásico del ensayo. En cambio, la segunda explora, mediante relatos del autor, el espacio donde ciencia y literatura podrían solaparse.

A continuación, de la primera parte del libro, una lista seleccionada de otras diez frases  y reflexiones que vale la pena resaltar:

1. “Con la objetividad la ciencia gana universalidad, con la inteligibilidad la ciencia gana capacidad de anticipación respecto de la incertidumbre y con la dialéctica la ciencia gana capacidad de cambio: la ciencia cambia, la ciencia progresa. Sacrificando a su mente creadora, la ciencia gana entonces: universalidad, anticipación y progreso (…). El escritor también puede alcanzar tales beneficios, sin duda, pero digamos que no tiene por qué estar dispuesto a pulverizar su identidad para lograrlo.”

 

2. “Para reintroducir la mente creadora en lo creado habría que intentar un rescate del Yo que no arriesgue la universalidad. Para reintroducir la mente creadora en lo creado habría que intentar un elogio de lo superfluo que no pongo en peligro la capacidad de anticipación. Y para reintroducir la mente creadora en lo creado, habría que revisar la condena del error, no sea que descubramos alguna manera de indultarle que no comprometa el avance del conocimiento”.   

 

3. “El segundo principio, el principio de inteligibilidad, recomienda buscar la mínima expresión de lo máximo compartido. Eso es comprender: comprimir hasta la esencia. Y en este proceso lo primero que se retira es lo superfluo”.

4. “La comprensión es, de hecho, una medida de la compresión y la medida de comprensión una medida de la exclusión de lo superfluo. (…). Con independencia de su calidad literaria y de los temas en los contenidos, creo que podemos afirmar sin complejos que un cuento es más científico que una novela, que un poema es más científico que un cuento y que un aforismo es más científico que un poema”.

5. “Eso es lo que consigue todo buen conocimiento: trascender el espacio y el tiempo que mantiene confinada a la realidad que pretende comprender. Un buen proyecto también, creo, para la literatura”.

6. “Hay muchos escritores que hacen literatura científica sin darse cuenta de ello necesariamente”.

7. “El genio literario no es el que explota un suceso inverosímil e irrepetible sino el que interpreta y explota un fenómeno altamente frecuente de la realidad. La originalidad de ambos (del creador científico y del creador literario) no está, pues, tanto en la de de inventar o simular una realidad improbable o monstruosa sino en la representación y comprensión de una realidad relevante.

8. Con independencia de si es por selección natural o por selección cultural, un ente vivo aprende de un error sí y sólo si sobrevive a la ocurrencia de tal error. O bien: los depredadores aprenden más bien de sus errores, las presas más bien de sus aciertos.

 

9. “Picasso fue un pintor extraordinariamente científico, buscó, investigó, probó y ensayó hasta su último suspiro. Y lo mismo se puede decir de Goya, Dalí, Borges…”

10. “Y esta es la cuestión. Los principios del método científico están para depurar toda emoción personal del contenido de la ciencia. Sin embargo, y paradójicamente, cada uno de tales principios tiene asociado un gozo secreto, un premio personal para el Sujeto del conocimiento que no aparece en el Objeto de conocimiento. No se pueden reintroducir las emociones excluidas en el texto científico, pero sí en un texto literario que, de entrada, ya se ha ganado una buena dosis de buena comprensión. Y esa es la idea. Es jugar con ventaja, sí, pero es jugar con una buena ventaja, con una ventaja lícita. Es algo así como escribir literatura con ciencia, pero rescatando en el último momento todo lo ha habido que sacrificar para, justamente, hacer buena ciencia. Para hacer buena ciencia hay que renunciar a algo, a mucho; para hacer literatura también se renuncia a algo, quizás a no tanto. ¿Y si intentamos no renunciar a nada? Mejor dicho: ¿y si exploramos modo para no renunciar a nada? ¿Para qué? ¿Pues sólo para ver lo que la idea da de sí… Tal es el reto”.

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bibliografía

Jorge Wagensberg. (2009). Yo, lo superfluo y el error. Historias de vida o muerte sobre ciencia y literatura. Colección Metatemas. Editorial Tusquets.

5 motivos para conocer el universo de Ernesto Sábato

Ernesto Sábato nació en 1911 en Rojas y se convirtió, con los años, en una figura fundamental de la Argentina del siglo XX. Su espíritu universal y su carácter comprometido lo llevó a interesarse en áreas tan diversas como la ciencia, la política y el arte, pero no desde una perspectiva acotada a su crecimiento individual, como ocurre muchas veces, sino como distintas formas de aproximarse a un fin mucho más elevado, su verdadera obsesión, que siempre giraba alrededor de la comprensión del sentido de la existencia, la condición humana y la injusticia asociada a las enormes desigualdades sociales.

En este artículo se presentan, resumidamente, 5 abordajes que muestran cómo Sábato era capaz de confluir en las temáticas que los desvelaban partiendo, incluso, desde enfoques muy dispares.

1- La comprensión de la ciencia y su rol para la humanidad

Sábato se recibió de Dr. En Ciencias Físicas en 1937 y recibió una beca para trabajar en radiaciones atómicas en el prestigioso laboratorio Curie de París. Luego fue transferido, en 1939, al Instituto Tecnológico de Massachusetts y poco tiempo después regresó a la Argentina. Como puede apreciarse, el inicio de su labor científica coincidió con la segunda guerra mundial, hecho que afectó severamente su concepción de la ciencia. En sus palabras:

La especialización, en buena medida consecuencia del desarrollo técnico de una civilización escisora, es más que una virtud un infortunio para el hombre, aunque haya servido para aumentar nuestro poderío físico. ¿Pues quién ha dicho que es el poder físico la meta más alta del hombre?”

Ernesto Sábato, Apologías y Rechazos

Ciencia y máquina fueron alejándose hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hombre que les había dado existencia. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, unidos a las formas más misteriosas del poder financiero o estatal, constituyeron finalmente la Gran Maquinaria, de la que los hombres en los países más avanzados acabaron por ser oscuras e impotentes piezas. El hombre-masa, ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, pero ya caído en el universo de las cosas”.

Ernesto Sábato, Apologías y Rechazos

Pese a que Sábato temía lo que pudiera hacerse con la ciencia en una sociedad despojada de valores morales, también valoraba enormemente ciertas cualidades que se desprenden de la actividad científica:

La ciencia estricta es una escuela de modestia, de valor intelectual y de tolerancia: muestra que el pensamiento es un proceso, que no hay gran hombre que no se haya equivocado en cierta proporción, que no hay dogma que implacablemente no se haya desmoronado ante el embate de los hechos nuevos. Por eso es necesario enseñar la ciencia a todo el mundo; y no solamente la ciencia, sino la historia de la ciencia

Ernesto Sábato, Uno y el universo.

 

2- Su interés por la política y el compromiso social

Pese a reconocerse como un joven tímido, Ernesto Sábato no dejó que esta característica restringiera su voluntad ni sus pasiones. Fue Secretario General de la Federación Juvenil Comunista, valoraba el anarquismo ideal y criticó de forma manifiesta al peronismo. Su relación con las dictaduras argentinas fue compleja: si bien no se opuso a algunos levantamientos, ejerció un papel crítico como presidente de la CONADEP, (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), que tuvo la tarea de investigar el destino de miles de argentinos que desaparecieron y sufrieron torturas como consecuencia del terrorismo de estado que realizó el último gobierno de facto, el más sangriento de la historia argentina.

Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria. De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio”

Prólogo “Nunca Más”

Disponible en: http://www.dhnet.org.br/direitos/mercosul/a_pdf/nunca_mas_argentino.pdf

En este triste examen de fines y medios llegamos a la conclusión de que hay algo seguro de lo que no podemos dudar: los medios no pueden ser perversos, y es trágicamente ilusorio perseguir grandes fines con medios innobles”.

Ernesto Sábato, Apologías y rechazos.

3- El valor de la educación

Ernesto Sábato consideraba la educación como un requisito prácticamente insalvable para lograr un futuro más promisorio. Valoraba el rol de los maestros, reconociendo la enorme importancia que tuvieron para él. Además, Sábato destacaba el valor de los libros no solo en cuanto a su contenido educativo, sino también como puente hacia los grandes misterios de la existencia.

 

No sé qué profesores tenía Galileo en el momento en que se le ocurrió subir a la torre para tirar abajo dos piedras y a la vez la teoría de Aristóteles; si eran malos, se habrán irritado por aquel crimen; si eran maestros de verdad, se habrán alegrado de aquella sagrada rebelión”.

Ernesto Sábato, Apologías y rechazos.

 

Yo también he leído de chico, y fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida. Quienes sembraron en mi alma lo que luego los años pudieron expandir. Leía cuanto llegaba a aquellas bibliotecas de barrio, donde primero a través de libros de aventuras, y luego, porque un libro lleva, inexorablemente, a otro libro, a través de los más grandes de todos los tiempos, esos que nos entregan los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia”.

Ernesto Sábato, (1)”

4- Su vínculo con la literatura

En medio de la segunda guerra mundial y sintiéndose vacío en cuanto a su labor científica, Ernesto Sábato decidió abandonar la ciencia para volcarse de lleno a la literatura.

Recluido en el pueblo de Pantanillo, en la provincia de Córdoba, en un rancho sin agua ni luz, comienza un periodo en donde se vuelca a las letras como forma de expresión y catarsis.

 “A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren, y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. ¿Sería eso, verdaderamente? ¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?”

Ernesto Sábato, El Túnel.

Después me ponía a cavilar sobre el sentido general de la existencia, y a pensar sobre nuestras propias inundaciones y terremotos. Así fui elaborando una serie de teorías, pues la idea de que estuviéramos gobernados por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiese tomar en serio. Al llegar a la época de la banda de asaltantes había elaborado ya las siguientes posibilidades:

1.° Dios no existe.

2.° Dios existe y es un canalla.

3.° Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.

4.° Dios existe, pero tiene accesos de locura: esos accesos son nuestra existencia.

5.° Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces está ausente ¿en otros mundos? ¿En otras cosas?

6.° Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.

7.° Dios fue derrotado antes de la Historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es doblemente desprestigiado, puesto que se le atribuye este universo calamitoso. Yo no he inventado todas estas posibilidades, aunque por aquel entonces así lo creía; más tarde, verifiqué que algunas habían constituido tenaces convicciones de los hombres, sobre todo la hipótesis del Demonio triunfante”.

Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas.

Su obra literaria, compuesta por tres novelas, “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón, el exterminador”, sumado a sus numerosos ensayos, le valieron el premio Cervantes en 1984, siendo el segundo argentino en obtener dicho reconocimiento, después de Jorge Luis Borges.

5- Su visión del mundo y sus pasiones

Dice Sábato refiriéndose a las biografías:

De una manera o de otra, todo cuadro es un autorretrato y toda obra literaria una autobiografía. Pero hay una forma especialmente peligrosa de escribir autobiografías: escribir biografías ajenas; porque podemos atribuir al héroe retratado las pasiones y la inteligencia del autor” (Uno y el universo).

Pues bien, esto es precisamente lo que sucede en las biografías elaboradas por él, a partir de las cuales es posible inferir claramente sus propias pasiones.

A continuación, un ejemplo tomado de su biografía de Hemingway:

Su obra es un recurso insoslayable para comprender el mundo en el que vivió, y la fe inquebrantable en los hombres que, aunque solitariamente, tienen valor para resistir y seguir luchando. Siempre he admirado la pasión de este hombre que presenció un tiempo trágico y desolador, de matanzas inútiles, pero con la grandeza para valorar la comunión entre los camaradas derrotados, ese absoluto por el que vale la pena la vida”.

Este párrafo escrito por Sábato sobre la vida de Hemingway, bien podría aplicarse a él mismo.

Sábato vivió 99 años instando a resistir y a seguir luchando por un mundo mejor. Como pocos, supo abordar los dilemas de la condición humana con profundidad y desde diferentes perspectivas. Su fuerza jamás flaqueó, la mantuvo durante un siglo, en el que su reconocido pesimismo no lo volvía frágil, sino que, por el contrario, le permitía intuir un sentido de la vida y de la grandeza humana en todo pequeño gesto solidario o de resistencia, así como en la apreciación de la belleza que el ser humano es capaz de crear en el marco de un mundo tan bárbaro y ambiguo.


Para seguir leyendo:

1) Discurso pronunciado por el autor durante la presentación del Plan Nacional de Lectura (Buenos Aires, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, 18 de mayo de 2004). Texto difundido por Prensa y Comunicación del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Disponible en: http://www.imaginaria.com.ar/12/9/sabato.htm

Prólogo “Nunca Más”. Disponible en: http://www.dhnet.org.br/direitos/mercosul/a_pdf/nunca_mas_argentino.pdf

Ernesto Sábato, Uno y el universo, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1980.

Ernesto Sábato, Apologías y rechazos, Editorial Seix Barral, Biblioteca breve, España, 1980.

Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas, Editorial Seix Barral Biblioteca breve, España, 1981.

Ernesto Sábato, El túnel, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1977

Ernesto Sábato, Cuentos que me apasionaron 2, Planeta, Buenos Aires, 2002.

Foto de portada de:

http://www.desarrollosocial.gob.ar/efemerides/aniversario-del-nacimiento-de-ernesto-sabato/

 

Elsa Velasco Benito, el dibujo como expresión personal de la ciencia. Un ejemplo con la inmunología.

En una entrada previa se ha resaltado que muy pocas veces salen a la luz las imágenes que los investigadores “ven” en sus cabezas a la hora de pensar en sus objetos de estudio. Esas formas de aproximarse al mundo para entenderlo y sacarle sus secretos, son sumamente personales, y rara vez se manifiestan de una manera artística. Por ende, las personas que no realizan ciencia, y que tal vez no se imaginan el plano celular, molecular o incluso cuántico, difícilmente pueden hallar una vía, un atajo para aproximarse a ese mundo invisible que a veces solo puede captarse a través del razonamiento y la imaginación.

Internet, sin embargo, es un amplificador enorme de pequeñas excepciones, y comenzando desde esta entrada, nos proponemos realizar un camino en la búsqueda de ejemplos donde sea posible adquirir conocimientos a través de la expresión artística de personas de ciencias.

ciencia divulgación inmunología

Y así llegamos a Elsa Velasco Benito, graduada en Ciencias Biomédicas y con un máster en comunicación científica, médica y ambiental de la Universidad de Pompeu Fabra-BSM. Periodista científica de Big Vang, Elsa se ocupa de realizar divulgación científica acompañándose de dibujos que ella misma elabora. Los dibujos son una ventana abierta para todo aquel que quiera asomarse al mundo de la biomedicina, y a la vez son un fiel reflejo de la mirada personal de la autora, así como de su manera de expresarla.

Entre sus temas de interés, aquí nos ocuparemos de la inmunología, un área que permite aproximaciones muy diversas; desde la evolución, las matemáticas, la salud, la microbiología, la estadística, la química, la literatura y muchas más, dependiendo del interés de quien ha decidido profundizar en ella. Aunque la cantidad de parámetros posibles puede desalentar a más de uno, la realidad es que la inmunología es un espacio lleno de secretos a descubrir, y que bien vale el esfuerzo, porque, después de todo, la diferencia no solo está en los conocimientos, sino también en quien los cuenta:

ciencia divulgación inmunología

Como se mencionaba al inicio, los investigadores necesitan “ver” sus objetos de estudio. Sin embargo, esta capacidad tampoco es la única ya que, en general, no se quedan solamente con las imágenes, sino que van más allá, generando un tipo de conexión más profundo, y que muchas veces deriva en la “humanización” de aquello que se analiza, un recurso tan particular como imprescindible, y que demuestra la soltura con que debe manejarse un investigador en un terreno al que, a veces, solo puede accederse desde el pensamiento:

ciencia divulgación inmunología

La inmunología representa la evolución en su estado más puro; millones de células mueren defendiendo el cuerpo a cada instante y lo mismo puede decirse de los microbios, que luchan con un objetivo igual de importante: no extinguirse para siempre de este planeta tan especial. Lo encarnizado de las acciones no quita, sin embargo, su belleza sutil, la que se vislumbra al comprender los mecanismos moleculares que rigen en esas batallas, donde, por lo general, solo uno de los contendientes logrará salir victorioso, es decir, con vida.

ciencia divulgación inmunología

Como la cumbre de una montaña nevada, la inmunología puede parecer inaccesible. Pero quien se aventure realmente hasta la cima, alcanzará una perspectiva despejada y única. Y para quien prefiera iniciar el ascenso, pero solo para detenerse en algún mirador, o algún amable refugio de montaña, tal vez pueda cruzarse con alguien que venga de bajada, y que le pueda contar, con sus propias palabras, o con su forma de expresión más personal, cómo vio las cosas desde arriba.

ciencia divulgación inmunología


Para seguir leyendo:

https://biomedvinetas.wordpress.com/

 

Sobre dónde se esconde y por qué no se expresa como arte la belleza de la ciencia

La experiencia estética, definida como aquella cuya finalidad única es generar satisfacción, es un concepto naturalmente relacionado con el arte. Por el contrario, la ciencia siempre ha sido asociada con lo racional, con el desarrollo teórico y la metodología científica. Sin embargo, cabe preguntarse si la ciencia no es capaz de generar experiencias estéticas como parte sustancial de las actividades que la involucran.

Para el arte, la empatía es crucial, esa increíble capacidad de ponerse en el lugar del otro. ¿Existe un equivalente para los investigadores? Al respecto, Louis Liebenberg propone que quienes trabajan en ciencia tienen la habilidad de situarse en el lugar de sus objetos de estudio, en su misma escala (1). Para fundamentarse menciona, por ejemplo, que el premio nobel Jaques Monod opinaba que los físicos son capaces de identificarse con imágenes visuales de sus temas de interés, y que el matemático Paul Olum, para ir un poco más lejos, creía que los investigadores hasta podían pensar cosas como: “¿si yo fuera un electrón, qué haría?” Lo cierto es que más allá del grado en que los investigadores se relacionen con lo que analizan, la realidad es que difícilmente alguien pueda manejarse con soltura en un área cualquiera, si no es capaz de imaginar con claridad los objetos sobre los que piensa.

¿Pero pueden ese tipo de visiones constituir experiencias estéticas?

En un conocido texto (2), el notable físico Richard Feynman menciona refiriéndose a una flor:

“Puedo imaginar las células que hay en ella, las complicadas acciones que tienen lugar en su interior y que también tienen su belleza. Lo que quiero decir es que no sólo hay belleza en la dimensión que capta la vista, sino que se puede ir más allá, hacia la estructura interior”.

En este punto emerge, naturalmente, una comparación con la literatura. Esta es una rama del arte que genera placer a través de la imaginación, representaciones de la realidad que, a decir verdad, podrían tener una clara semejanza con las que un investigador se representa al momento de pensar en sus objetos de interés.

El poder de la imaginación es tan grande que cuando una obra literaria es llevada al cine, la mayor parte de las veces los lectores de un libro coinciden en que disfrutaron más de la lectura de la obra, es decir, de lo que su propia imaginación construyó a partir de una historia.

La siguiente es solo una de las tantas imágenes que pueden traerse, por la tecnología, a la esfera visible por todos:

ciencia belleza feynman

A partir de estas imágenes, y muchas otras, surge el interrogante: ¿sí así son las formas que logran verse, artificialmente, con el uso de la tecnología, qué tan bellas pueden ser las imágenes que un investigador es capaz de generar en su propia cabeza?

Es difícil saberlo. Las imágenes que ocupan la mente de quienes trabajan en ciencia rara vez son compartidas. Apenas en contadas excepciones es posible atisbar ese universo inexplorado. El caso de los matemáticos que pintan, o bien, el de los pintores que se interesan por las matemáticas, es uno de los pocos ejemplos:

ciencia belleza feynman

http://lunyitsai.com/gadgets/tg.07.htm

escher belleza ciencia

http://www.bbc.com/culture/story/20150624-arts-most-famous-illusion

Aunque en la ciencia el pensamiento racional sería clave para generar experiencias estéticas, y en el arte, por el contrario, serían los sentimientos los que tendrían un rol vital, entender y sentir no serían más que dos maneras complementarias de conectarse con el universo exterior, aquello que trasciende a cada individuo, que existe desde antes y existirá después de toda muerte. Los artistas tienden a plasmar sus trabajos en obras de arte, su razón de ser, después de todo. En cambio, para los investigadores el objetivo último es generar conocimiento científico y comunicarlo en artículos especializados. Las experiencias estéticas que pueden acompañar la labor de los investigadores difícilmente llegan a ver la luz, se extinguen con el tiempo. Richard Feynman afirmaba que los científicos pueden “ver” muchas cosas en una flor, sin embargo, incluso, estando de acuerdo, también parece indiscutible que aquello que es posible “ver” rara vez es compartido de otro modo que no sea una comunicación científica.

¿Por qué esta diferencia con los artistas? Muchos pueden ser los motivos. Por una parte, los investigadores deberían aprender a expresarse de manera subjetiva, lo cual no es un trabajo menor, ya que incluso cualquier hombre de arte debe perfeccionarse en sus métodos. Por otro lado, un investigador apunta a la demostración estadística de sus resultados y a que sean reproducibles, de modo que sus experiencias estéticas, en tanto ser humano, poco aportan para sustentar su información científica, pese a que el resto de la sociedad bien podría valorar ese contacto.

Hemos podido apreciar cómo se “ve” un reloj en la cabeza de Dalí y unas señoritas de Avignon en la de Picasso, pero, ¿cómo se verían las variaciones de las especies desde el interior de la cabeza de Darwin? ¿Cómo se habrá representado Einstein las ondas gravitacionales? Muy posiblemente, una imagen tuvo que acompañar esos conceptos, aunque nunca lo sabremos. Acaso haya, alguna vez, un cambio que estimule la expresión de esas visiones, que lo que pueda “verse” en las flores, en una teoría de cuerdas o en una secuencia de ADN comience a ser visible para todos, que no se pierdan esas imágenes, sino que cada vez sean más las representaciones que afloren desde la ciencia hacia cualquiera de las formas del arte.


 

 

Para seguir leyendo:

(1)  Louis Liebenberg. 2013. The origin of science. Cybertracker, Sudáfrica.

(2) Texto completo de “Oda a una flor”, de Richard Feynman:

“Tengo un amigo artista que suele adoptar una postura con la que yo no estoy muy de acuerdo. Él sostiene una flor y dice: «Mira qué bonita es», y en eso coincidimos. Pero sigue diciendo: «Ves, yo, como artista, puedo ver lo bello que es esto, pero tú, como científico, lo desmontas todo y lo conviertes en algo anodino».

Y entonces pienso que él está diciendo tonterías. Para empezar, la belleza que él ve también es accesible para mí y para otras personas, creo yo. Quizá yo no tenga su refinamiento estético, pero puedo apreciar la belleza de una flor.

Pero al mismo tiempo, yo veo mucho más en la flor que lo que ve él. Puedo imaginar las células que hay en ella, las complicadas acciones que tienen lugar en su interior y que también tienen su belleza. Lo que quiero decir es que no sólo hay belleza en la dimensión que capta la vista, sino que se puede ir más allá, hacia la estructura interior.

También los procesos, por ejemplo, el hecho de que los colores hayan evolucionado para atraer a los insectos significa que los insectos pueden apreciar el color. Y entonces se crea la pregunta: ¿El sentido de la estética también lo tienen las formas de vida menores de la naturaleza? ¿Por qué razón les resulta estético?

Toda clase de interesantes cuestiones de la ciencia que no hacen sino sumarle misterio e interés a la impresión que deja una simple flor, no entiendo cómo podría restárselo”

Richard Feynman, en una famosa entrevista a la BBC en 1981. Traducción de BIOTAY

http://biotay.blogspot.com.ar/2010/03/la-flor-de-feynman.html