Literatura de laboratorio, un buen nombre para un género que se afianza

La divulgación del conocimiento científico podría dividirse, arbitrariamente, en tres etapas. La primera englobaría desde el puntapié inicial de Galileo en el 1600, con su labor divulgativa1,2, hasta el siglo XIX. Este periodo fue realmente pobre en cuanto a cantidad de obras, a tal punto que la ciencia y los científicos parecían habitar en un espacio muy lejano al de la sociedad en general. Luego, durante gran parte del siglo XX, primó una segunda etapa que bien podría ser asociada al nombre de “las dos culturas”, en base a un célebre discurso de C.P. Snow, pronunciado en 1959, que resaltaba el distanciamiento que existía entre los literatos y los científicos3. Así, la ciencia no solo se mantenía alejada del público en general sino que, para colmo, los escritores aprovechaban la situación, y cuando incorporaban protagonistas científicos a sus obras, los estereotipaban como personajes o bien malévolos o bien excesivamente simpáticos y rayanos a la locura4.

Recién sobre el final del siglo XX comenzó a gestarse lo que bien podría constituir una tercera etapa de la divulgación científica. Mucho tuvo que ver en este cambio la aparición de excelentes obras de no ficción escritas por autores científicos. En este periodo salieron a la luz varios libros brillantes que fueron capaces de explicar grandes logros de la ciencia con terminología accesible a cualquier interesado. Algunos ejemplos fueron “El gen egoísta”, de Richard Dawking (1976);  “Los dragones del Edén”, de Carl Sagan (1978); “Breve historia del tiempo”, de Stephen Hawking (1988), y muchos otros. Estas obras sirvieron para demostrar que el conocimiento de la ciencia no es inalcanzable sino todo lo contrario, y que si bien la comunicación entre investigadores requiere de terminología prácticamente incomprensible para quien no es especialista en la materia, los conocimientos de cualquier área igualmente pueden ser explicados de manera simple cuando alguien se lo propone.

Paralelamente a las obras de no ficción, se produjo el despegue del género literario de la divulgación científica. Lógicamente, esta aproximación debió lidiar con la dificultad que surge a la hora de amalgamar una obra que reúna todos los requisitos de la narración de historias con la rigurosidad de la ciencia y la difusión de los conocimientos obtenidos con el método científico. (Este hecho deja de lado al género de la ciencia ficción, en donde se representan hechos y mundos alternativos basados en conocimientos que no han sido probados con el método científico, al menos en el momento de la redacción de la obra).

Los primeros autores que procuraron sentar las bases de la divulgación de la ciencia a través de la literatura se encontraron con la falta de un nombre apropiado para el género de sus libros. Carl Djerassi, por ejemplo, escribió cuatro novelas basadas en personajes científicos y postuló el nombre de “Ciencia en ficción”, para sus libros.

Recientemente, ha cobrado difusión el trabajo de Jennifer Rohn, una investigadora que ha escrito dos novelas y que ha propuesto el nombre de Literatura de laboratorio, (Lablit)5,, para su género narrativo. El término abarcaría obras cuya característica común es el uso de conocimiento científico para sustentar la trama y/o la presencia de un protagonista principal o secundario relacionado con la ciencia, siendo este un ser humano “normal” y no uno de los obsoletos estereotipos del científico 5,6,7. Con la aparición de estas obras literarias el hombre de ciencia parece recuperar, por fin, su verdadera identidad, lo que realmente es: una persona como cualquier otra, con su familia, su vida sentimental, sus problemas cotidianos o existenciales, e incluso, por qué no, con dificultades para llegar con su sueldo a fin de mes. Muy probablemente, el derrumbe del viejo estereotipo del científico antisocial también haya tenido que ver con la incorporación masiva de la mujer a la labor científica. Este hecho habría repercutido en múltiples planos, ya que la mujer de ciencia no solo es a la vez madre, esposa, ama de casa y demás perfiles, sino que también puede ser una mujer solidaria o ambiciosa, buena o mala madre, esposa fiel o infiel, etc, y lo mismo para el científico padre, esposo, y ahora también amo de casa, perfiles y características que dotan a los científicos de una profundidad psicológica real, que antes era menospreciada y ridiculizada en base al estereotipo.

En el sitio lablit.com se halla una lista de más de ciento cincuenta novelas que podrían ser incluidas en el género. Estas y otras obras en español, como las indicadas por Federico Kukso,2,7, han sido escritas por científicos interesados en la literatura o bien por escritores que se han acercado a la ciencia, aportando iniciativas para terminar con la guerra de las dos culturas4.

En entradas anteriores hemos aportado evidencia de que se aprende mejor con historias, por lo que en este blog estamos completamente de acuerdo con la necesidad tanto de un género narrativo para difundir la ciencia como de una nueva denominación. Dado que el término “divulgación científica” es correcto para obras de no ficción pero resulta poco atractivo, (e incluso añejo), para referirse al género literario; que ciencia en la ficción es demasiado parecido a ciencia ficción, y que literatura científica, utilizado por Jorge Wagensberg(8), tampoco se ha destacado; nos adherimos al nombre propuesto por Jennifer Rohn, con la esperanza de que llegue para quedarse y facilite el intercambio entre ciencia, literatura y todos sus interesados. Que vuelva, así, el científico a formar parte de la sociedad, que haya más ciencia en las historias, que se escriban y lean cada vez más obras de Lablit, literatura de laboratorio

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Para seguir leyendo:

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei#Obras_de_Galileo
  2. Federico Kukso. Novelas de laboratorio. Revista Ñ. Disponible en: https://www.clarin.com/rn/literatura/novelas-laboratorio-Kukso_0_BkmNX84pvQl.html
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Las_dos_culturas
  4. Roslynn Haynes. (2014). CIENCIA Y LITERATURA. ¿YA HA ACABADO LA GUERRA ENTRE LAS DOS CULTURAS. MÈTODE Science Studies Journal, 4.University of Valencia. DOI:10.7203/metode.82.356
  5. Jennifer Rohn. http://www.lablit.com/
  6. http://www.nytimes.com/2012/12/04/science/in-lab-lit-fiction-meets-science-of-the-real-world.html?mcubz=2
  7. Federico Kukso. Narrar la ciencia. Revista Ñ. Disponible en: https://www.clarin.com/ideas/titulo_0_ByXlCjYsPQl.html
  8. Jorge Wagensberg. Yo, lo superfluo y el error. Tusquet Editores. Colección metatemas.

Una estrategia para entrelazar ciencia y literatura

En la actualidad, ciencia y literatura parecen habitar continentes distantes, con nula o escasa interacción. Un repaso por la historia permite comprobar que esta situación ha sido prácticamente una constante desde el pasado, con muy pocos ejemplos desde la época griega en adelante.

 

“En el entero cuerpo de la literatura clásica solo hay un poema relacionado con la ciencia”

A. Huxley (1)

 

Aunque las dificultades para entrelazar estas dos disciplinas no son menores, tampoco se ha demostrado que no sean capaces de coexistir, que definitivamente no pueda hallarse un punto de contacto neto entre ellas:

ciencia y literatura

 

Para especular sobre dónde podría encontrarse la frontera de unión, es imprescindible atenerse a las características que definen cada área. En este sentido, la literatura se considera como una de las distintas formas de arte, el cual ha sido definido como una “representación” o “distorsión” de la realidad.

 

“La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa.”

Immanuel Kant(2)

 

“No hay arte sin transformación.”

Robert Bresson(2)

 

El arte es una recreación selectiva de la realidad de acuerdo con los valores y juicios metafísicos del artista.”

Ayn Rand(2)

 

En base a estas definiciones es posible considerar que las obras literarias son una especie de segundo plano; cuentos, novelas, poesías y demás serían construcciones desarrolladas en base a la realidad conocida:

 

planos arte y literatura

 

 

¿Y con respecto a la ciencia? ¿Tiene algo en común con el arte? La simple mención del método científico hace pensar en un trabajo riguroso y monótono. Y, sin embargo, esta actividad incluye un costado que no debería ser pasado por alto, porque la ciencia necesita de hipótesis, de ideas imaginativas que permitan guiar la investigación:

 

“Cuando la ciencia llega hasta el borde mismo del conocimiento necesita imaginación más que otra cosa”.

Alberto Rojo(3)

 

Un hecho interesante, que acaso haya sido subestimado, es que las hipótesis en sí no existen hasta que un científico las elabora; en otras palabras, las hipótesis serían la creación del científico, el segundo plano derivado de la realidad, un equivalente a la obra del artista.

De este modo, el trabajo científico podría dividirse en dos partes bien definidas, la primera, en la que se plantean hipótesis a partir del conocimiento y la imaginación; y la segunda, donde se aplica el método científico para lograr un conocimiento nuevo, información que luego debe ser transmitida utilizando el lenguaje específico y propio de la ciencia:

ciencia y literatura planos

 

¿Es válido este razonamiento? De tomarlo como factible, ciencia y literatura compartirían un punto de contacto en un plano igualmente imaginativo para ambos, de modo tal que, en una representación con base artística podría estar contenido el conocimiento necesario para elaborar una hipótesis real, fundamentada en una base científica rigurosa:

ciencia literatura y divulgacion

El planteo de un entrecruzamiento a este nivel, en el plano de la hipótesis, cuenta con dos ventajas. En primer lugar, se enfoca fundamentalmente sobre aquellos conocimientos ya demostrados que pueden ser absorbidos más fácilmente por el público general:

“La mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos”

Albert Einstein(4)

 

En segundo lugar, muchos autores han señalado que en el tratamiento del lenguaje reside una de las grandes dificultades existentes a la hora de entrelazar ciencia y literatura. De acuerdo a Roland Barthes, por ejemplo, para la ciencia el lenguaje no es más que un instrumento, mientras que para la literatura es todo su ser, su propio mundo (5).

En este sentido, al evitarse la parte árida de la actividad científica, la relacionada con la metodología rigurosa y la comunicación exacta de los últimos hallazgos, se prevendría la gran dificultad que impone el tratamiento del lenguaje en cada área.

Ahora bien, ¿cuál podría ser el mejor género literario para entrelazar ambas disciplinas? Es en este punto donde debería considerarse, especialmente, otra dificultad que se ha planteado sobre el sujeto de interés de cada disciplina: para la literatura es el mundo íntimo, el plano subjetivo de las pasiones y emociones; para la ciencia es el estudio de cada parte de la naturaleza y del universo, de un modo neutro y objetivo. Debido a esta divergencia, el mejor recurso parece ser, a priori, el de la novela, ya que esta permite la mayor flexibilidad de la trama, tal como ha remarcado el mismo Aldous Huxley(1):

 

“En la estructura de casi toda novela se incluye la posibilidad de alternar la objetividad con las significaciones subjetivas de la vida”.

 

Resumiendo, según el planteo aquí propuesto, una parte de la ciencia sería responsable del distanciamiento con la literatura, el costado riguroso y específico que está encargado de generar nuevos conocimientos y que luego los comunica en un lenguaje impersonal, específico, chato y repetitivo. Por el contrario, las primeras instancias de la actividad científica son creativos, requieren de imaginación y libertad para generar nuevas hipótesis en base al conocimiento disponible. La posibilidad de entrelazar ciencia y literatura del modo propuesto podría ser rebatida, rápidamente, o tal vez representar una alternativa válida, en cuyo caso, por supuesto, debería ser sujeta a la experimentación. Mientras tanto, es tan solo una estrategia posible y como tal debe ser tomada.


 

Referencias: