Un texto es una creación de la mente, como cualquier conocimiento, como cualquier ciencia

El título de este artículo corresponde a una frase del ensayo de Jorge Wagensberg “Yo, lo superfluo y el error”.

A continuación, el párrafo inicial del primer capítulo de dicho libro:

“Todo lo que no es la realidad misma es una ficción de la realidad. Cualquier representación mental de la realidad es una ficción. La literatura es una ficción de la realidad. Cualquier género literario, incluido el ensayo, es en rigor una ficción. La ciencia también es una ficción de la realidad, pero una ficción todo lo objetiva, inteligible y dialéctica que, en cada momento y lugar, sea posible”.

Título y párrafo son una excelente muestra del estilo y lucidez del autor. Jorge Wagensberg es Dr. en Física, Profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Universidad de Barcelona y eminente divulgador científico. Además de contar con numeroso libros, fue director del museo CosmoCaixa y actualmente dirige la colección Metatemas, de Editorial Tusquets, destinada a explorar diversos aspectos de la ciencia, entre ellos, su relación con la literatura.

Como científico que es, el abordaje de su obra se piensa fundamentalmente desde los requisitos que un hombre de ciencia debe enfrentar para acercarse al terreno literario. Al respecto, se focaliza en tres principios del método científico que deben romperse para alcanzar algo semejante a un género que él denomina literatura científica. A su criterio, los tres principios que deben quebrantarse son: el principio de objetivización, (que expulsa al Yo de la ciencia); el de inteligibilidad, (que erradica lo superfluo), y el dialéctico, (que condena el error en la ciencia).

La primera parte del libro está escrita en el formato clásico del ensayo. En cambio, la segunda explora, mediante relatos del autor, el espacio donde ciencia y literatura podrían solaparse.

A continuación, de la primera parte del libro, una lista seleccionada de otras diez frases  y reflexiones que vale la pena resaltar:

1. “Con la objetividad la ciencia gana universalidad, con la inteligibilidad la ciencia gana capacidad de anticipación respecto de la incertidumbre y con la dialéctica la ciencia gana capacidad de cambio: la ciencia cambia, la ciencia progresa. Sacrificando a su mente creadora, la ciencia gana entonces: universalidad, anticipación y progreso (…). El escritor también puede alcanzar tales beneficios, sin duda, pero digamos que no tiene por qué estar dispuesto a pulverizar su identidad para lograrlo.”

 

2. “Para reintroducir la mente creadora en lo creado habría que intentar un rescate del Yo que no arriesgue la universalidad. Para reintroducir la mente creadora en lo creado habría que intentar un elogio de lo superfluo que no pongo en peligro la capacidad de anticipación. Y para reintroducir la mente creadora en lo creado, habría que revisar la condena del error, no sea que descubramos alguna manera de indultarle que no comprometa el avance del conocimiento”.   

 

3. “El segundo principio, el principio de inteligibilidad, recomienda buscar la mínima expresión de lo máximo compartido. Eso es comprender: comprimir hasta la esencia. Y en este proceso lo primero que se retira es lo superfluo”.

4. “La comprensión es, de hecho, una medida de la compresión y la medida de comprensión una medida de la exclusión de lo superfluo. (…). Con independencia de su calidad literaria y de los temas en los contenidos, creo que podemos afirmar sin complejos que un cuento es más científico que una novela, que un poema es más científico que un cuento y que un aforismo es más científico que un poema”.

5. “Eso es lo que consigue todo buen conocimiento: trascender el espacio y el tiempo que mantiene confinada a la realidad que pretende comprender. Un buen proyecto también, creo, para la literatura”.

6. “Hay muchos escritores que hacen literatura científica sin darse cuenta de ello necesariamente”.

7. “El genio literario no es el que explota un suceso inverosímil e irrepetible sino el que interpreta y explota un fenómeno altamente frecuente de la realidad. La originalidad de ambos (del creador científico y del creador literario) no está, pues, tanto en la de de inventar o simular una realidad improbable o monstruosa sino en la representación y comprensión de una realidad relevante.

8. Con independencia de si es por selección natural o por selección cultural, un ente vivo aprende de un error sí y sólo si sobrevive a la ocurrencia de tal error. O bien: los depredadores aprenden más bien de sus errores, las presas más bien de sus aciertos.

 

9. “Picasso fue un pintor extraordinariamente científico, buscó, investigó, probó y ensayó hasta su último suspiro. Y lo mismo se puede decir de Goya, Dalí, Borges…”

10. “Y esta es la cuestión. Los principios del método científico están para depurar toda emoción personal del contenido de la ciencia. Sin embargo, y paradójicamente, cada uno de tales principios tiene asociado un gozo secreto, un premio personal para el Sujeto del conocimiento que no aparece en el Objeto de conocimiento. No se pueden reintroducir las emociones excluidas en el texto científico, pero sí en un texto literario que, de entrada, ya se ha ganado una buena dosis de buena comprensión. Y esa es la idea. Es jugar con ventaja, sí, pero es jugar con una buena ventaja, con una ventaja lícita. Es algo así como escribir literatura con ciencia, pero rescatando en el último momento todo lo ha habido que sacrificar para, justamente, hacer buena ciencia. Para hacer buena ciencia hay que renunciar a algo, a mucho; para hacer literatura también se renuncia a algo, quizás a no tanto. ¿Y si intentamos no renunciar a nada? Mejor dicho: ¿y si exploramos modo para no renunciar a nada? ¿Para qué? ¿Pues sólo para ver lo que la idea da de sí… Tal es el reto”.

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bibliografía

Jorge Wagensberg. (2009). Yo, lo superfluo y el error. Historias de vida o muerte sobre ciencia y literatura. Colección Metatemas. Editorial Tusquets.

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