Paradoja: la ciencia muestra que se aprende mejor con historias, pero ella misma rara vez se enseña con historias

Se ha denominado neuroeducación al campo que une neurociencias y educación en el afán de conocer y caracterizar el proceso de aprendizaje con el fin de optimizar la educación.

El avance de las neurociencias ha permitido obtener información sumamente valiosa acerca de las bases neurales del aprendizaje. En particular, se ha observado que las emociones tienen un rol vital en la educación, al menos, en dos sentidos; por un lado, modulando la memoria (2), un componente clave para el aprendizaje; por el otro, despertando la atención y la curiosidad, lo que permite focalizar el interés sobre un tema particular durante un tiempo prolongado (3,4,5). Las emociones son reacciones inconscientes que la naturaleza ha evolucionado para garantizar la supervivencia (6). Por lo tanto, que favorezcan el aprendizaje tiene perfecto sentido desde un punto de vista evolutivo. Así, surge entonces el interrogante, ¿cómo involucrar las emociones si podrían ser tan importantes para el aprensizaje? La respuesta, quizá, no debería sorprender: con historias.

historias ciencia literatura

Contarse historias es una actividad ancestral del ser humano. Todas las culturas orales conocidas utilizan esa técnica de forma sustancial. Es un proceso donde la imaginación permite que el oyente o lector se “transporte” hacia el contexto narrativo, involucrando zonas del cerebro relacionadas con las acciones que realizan los personajes. Y lo más importante, las historias pueden incluir una gran carga emocional, lo que precisamente se recomienda para estimular la memoria y el aprendizaje (7,8,9,10).

¿Pero, cómo ocurren estos eventos a nivel molecular?

La neurociencia avanza continuamente al respecto. Por lo pronto, existe evidencia de que los estímulos emocionales pueden provocar la liberación de norepinefrina hacia múltiples áreas cerebrales, incluyendo el hipocampo y la amígdala, dos estructuras cerebrales independientes que participan en la modulación de la memoria y que pueden actuar en conjunto, precisamente, a causa de estímulos emocionales (9,10). La noerpinefrina es capaz de influir luego sobre una proteína denominada GluR1 facilitando su incorporación en sinapsis involucradas en la formación de la memoria (10,11,12). Se han clasificado en tres a los estadios en que se procesa la memoria: codificación, consolidación y recuperación, siendo el papel de la emociones tan importante que afecta a las tres etapas (13).

Con las evidencias científicas sobre la mesa, resulta difícil oponerse a la necesidad de emplear el recurso de las emociones en el aprendizaje. Sin embargo, y de forma llamativa, la enseñanza de la ciencia misma y, en particular, la divulgación al público general, lejos están de apelar asiduamente al empleo de historias. Muchos son los motivos que están involucrados en esta paradoja, los cuales se han abordado en entradas anteriores. Resumidamente, tienen que ver con: a) que el lenguaje técnico, preciso y monótono de la ciencia resulta sumamente incompatible con el de una obra literaria, b) que la literatura, como forma de arte, requiere de cierta distorsión de la realidad, un hecho que se contrapone notoriamente con la ciencia, ya que los científicos no deben jamás distorsionar lo que observan, c) que el objeto de interés de la literatura es lo privado, lo que importan son las emociones y los puntos de vista subjetivos; en cambio, para la ciencia, el objeto de interés es público y debe ser abordado desde un punto de vista objetivo, y d) que la profundidad y la cantidad de información que puede incluirse en una trama literaria es limitada.

De esta lista, no exhaustiva, tal vez la restricción más importante tenga que ver justamente con las emociones. La ciencia debe prescindir de todo componente subjetivo a la hora del análisis y la comunicación entre pares. Esto es así y está muy bien. Pero a la hora de la comunicación al público general, ¿puede existir mayor libertad?

En este blog pensamos que sí. De hecho, en el camino hacia la generación de hipótesis lo más importante es la imaginación, la cual sería, en definitiva, un punto en común clave entre ambos tipos de actividades, científica y literaria. Además, una vez que los conocimientos han sido validados con rigurosidad científica, la divulgación se encuentra en libertad de apelar a todos los recursos narrativos disponibles, en tanto y en cuanto no se tergiverse el contenido científico.

Razón y emoción han sido consideradas fuerzas opuestas durante muchísimo tiempo. Ahora las ciencia revela que, en realidad, están íntimamente ligadas, al punto de demostrar que las emociones son inseparables del aprendizaje. En este marco, cabe preguntarse si no debería aumentar el empleo de historias en la enseñanza, y, por qué no, en la divulgación de la ciencia al público en general.

El tiempo dirá.

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Para seguir leyendo

1.Kieran, E. (1989). Memory, Imagination, and Learning: Connected by the Story. Phi Delta Kappan, v70 n6 p455-59.

2) Erk, S., Kiefer, M., Grothe, J., Wunderlich, A. P., Spitzer, M., Walter, H. (2003). Emotional context modulates subsequent memory effect. Neuroimage;18(2):439-47.

3) Carol A. Lyons. (1999). Emotions, Cognition, and Becoming a Reader: A Message to Teachers of Struggling Learners. Literacy Teaching and Learning, Volume 4, Number 1, page 67

4) Fundación CADAH. Disponible en:

http://www.fundacioncadah.org/web/articulo/la-importancia-de-las-emociones-en-el-aprendizaje-y-su-relacion-con-el-tdah.html

5) Daisy Yuhas. Curiosity Prepares the Brain for Better Learning Neuroimaging reveals how the brain’s reward and memory pathways prime inquiring minds for knowledge.  Scientific american.

Disponible en: https://www.scientificamerican.com/article/curiosity-prepares-the-brain-for-better-learning/

6) Jesús C. Guillén. Las emociones. Disponible en:

https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2012/12/27/neuroeducacion-estrategias-basadas-en-el-funcionamiento-del-cerebro/

7. Schultz, W. 2015. NEURONAL REWARD AND DECISION SIGNALS: FROM THEORIES TO DATA. Physiol Rev 95: 853–951.

8. Paul J. Zak. How Stories Change the Brain. Disponible en:

http://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_stories_change_brain

9. Phelps, E. A. Human emotion and memory: interactions of the amígdala and hippocampal complex. Current Opinion in Neurobiology 2004, 14:198–202.

10. Medina J. The biology of memory extinction. Psychiatr Times. 2005;22(2):23-25.

11. Slipczuk, L., Bekinschtein, P. Katche,1C., Cammarota,M., Izquierdo, I., and H. Medina, J. H. (2009) BDNF Activates mTOR to Regulate GluR1 Expression Required for Memory Formation. PLoS ONE. 2009; 4(6): e6007.

12. Aanderson, D.J., Good, M.A., Seeburg, P.H., Sprengel, R., Rawlins, J.N., Bannerman, D.M. The role of the GluR-A (GluR1) AMPA receptor subunit in learning and memory. Prog Brain Res. 2008;169:159-78.

13. Brosch T., Scherer, K. R., Grandjean, D., Sander, D. (2013). The impact of emotion on perception, attention, memory, and decision-making. Swiss Med Wkly. 2013;143:w13786

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Por la senda de Murakami, el ejercicio y la creatividad

Murakami tensa el nudo de los cordones de sus zapatillas y acaricia el césped, todavía húmedo por el rocío. Son apenas las ocho de la mañana cuando salta al camino. Pese a la entrada en calor, sus músculos todavía están rígidos, aletargados. Murakami no se inquieta por la situación. Conoce bien su cuerpo, lo suficiente como para saber que todo marcha de acuerdo a lo esperado. Corrió diez kilómetros el día anterior y correrá diez kilómetros al día siguiente. Lleva una rutina semejante desde hace más de veinte años, cuando dejó el club de jazz que administraba para dedicarse de lleno a escribir. “¿Qué se requiere para ser un novelista?”, le preguntaron alguna vez. Murakami lo tiene claro, en primer lugar, talento; luego concentración y resistencia. Los dos últimos requisitos los ha pulido con la ayuda del ejercicio constante.

Mientras tanto, en otra parte del mundo, un hombre analiza sus resultados en un ordenador. Mira su reloj: son más de las diez de la noche. Aún lleva la bata blanca con la que estuvo realizando experimentos en la mesada de su laboratorio. Podría estar en su hogar, despejándose, mirando la televisión, pero no logró poner fin a la jornada. No es la primera vez que le sucede. Suele ocurrirle cuando avizora que los resultados van tomando forma: aquello que imaginó, primero, como una hipótesis, de pronto se vuelve algo tangible bajo un velo liviano, un objeto casi asequible, al alcance de la mano. Su representación mental comienza a asemejarse a la realidad, como los trazos de un pintor que bosquejara el paisaje que tiene delante. El hombre de la bata blanca se detiene un momento para revisar algunos artículos y notas que tiene desparramados sobre el escritorio. Revisa primero un trabajo del 2003, allí ya se describía que el ejercicio físico podía aumentar los niveles de dopamina, un neurotransmisor con funciones clave en el cerebro. Luego repasa una publicación del 2008, un resumen general sobre el ejercicio y el neurotransmisor que más le interesa. Mientras calienta en el microondas una porción de pizza que le quedó del mediodía, revisa varias publicaciones más. Todas sugieren que el ejercicio produce efectos en circuitos modulados por la dopamina.

Murakami ha transitado los primeros siete kilómetros con la mente en blanco, como suele proponerse al inicio de la marcha. Sin embargo, súbitamente lo asalta una idea. El entrenamiento queda relegado a un segundo plano. No consigue quitarse de la cabeza el último pensamiento y a duras penas recorre los 3 kilómetros que le faltan. Ahora está ansioso por dejar fluir sus palabras, permitir que se desgranen sobre las páginas. Sabe que escribe con un estilo semejante al que emplea como corredor, sin forzar el paso, dejando que sus atmósferas se construyan de a poco. Lo hace con una cadencia premeditada, la de aquel que sabe exactamente hacia dónde se dirige, sea que escriba sobre felinos que reflexionan, miríadas de corbatas en un placard, o clubes de blues donde se encuentra gente muy singular, a la deriva de sus propias vidas. Cuando Murakami comenzó a correr lo consideró como una prueba de templanza, de capacidad de superarse a sí mismo, de resistencia, requisitos fundamentales a la hora de convertirse en novelista. Desde entonces han pasado más de dos décadas, años de una rutina estricta pero saludable, y ha conseguido su objetivo con creces, es un autor prolífico y sumamente reconocido.

El hombre de la bata blanca ahora está apagando las luces del laboratorio. Es medianoche y se encuentra exhausto. En la última hora leyó varios artículos que conoce muy bien. Estos mencionan que la dopamina podría jugar un papel importante sobre la creatividad. Planeaba comenzar a redactar un trabajo propio, sin embargo, la ansiedad terminó por embargarlo, al punto de nublarle la capacidad de raciocinio. En el fondo, lo tenía claro: si el ejercicio influía sobre la dopamina, y esta, sobre la creatividad; entonces, el ejercicio físico bien podía potenciar las actividades creativas. La evidencia comenzaba a volverse más sólida. Él quería aportar en esa dirección. Antes de marcharse, realizó un apunte en una servilleta y luego se la guardó en un bolsillo.

Murakami ahora escribía, línea tras línea, hoja tras hoja, kilómetros de tinta. El hombre de la bata blanca, en cambio, ya se había quedado dormido. Soñaba con un sendero despejado, un camino de montaña, se ajustaba el nudo de sus zapatillas, luego, tras dar un par de saltos para calentar los músculos, comenzaba a trotar. Se dejaba llevar por el camino, como una cinta que corría bajo sus pies. Cruzaba un pequeño felino, luego tres corbatas de colores, una pila de libros, una trompeta, una gorra de béisbol, y, sobre el final, su propia servilleta de papel, la que había redactado en el laboratorio. La recogió sin detenerse. Solo cuando hubo terminado la marcha, se recostó sobre un árbol y leyó lo que había escrito:

ejercicio dopamina creatividad


Para seguir leyendo:

-Murakami, H. What I talk when I talk about running. 2008, Knopf, EE.UU.

-Sutoo D, Akiyama K. (2003). Regulation of brain function by exercise. Neurobiol Dis. 13(1):1-14.
Foley, T.E. y Fleshner, M. (2008) Neuroplasticity of dopamine circuits after exercise: implications for central fatigue. macromolecular Med. 10(2):67-80. doi: 10.1007/s12017-008-8032-3.

-Hoffmann, P., Elam, M., Thorén, P. Hjorth S. (1994). Effects of long-lasting voluntary running on the cerebral levels of dopamine, serotonin and their metabolites in the spontaneously hypertensive rat. Life Sci; 54(13):855-61.

-Zabelina, D. L., y col. (2016). Dopamine and the Creative Mind: Individual Differences in Creativity Are Predicted by Interactions between Dopamine Genes DAT and COMT. Plos ONE. DOI:10.1371/journal.pone.0146768.

-Orjan de Manzano, O. y col. (2010). Thinking Outside a Less Intact Box: Thalamic Dopamine D2 Receptor Densities Are Negatively Related to Psychometric Creativity in Healthy Individuals. Volume 5; Issue 5, e10670.

-Zhang, S. y col (2014). Association of COMT and COMT-DRD2 interaction with creative potential. Front Hum Neurosci. Front Hum Neurosci; 14;8:216. doi: 10.3389/fnhum.2014.00216. eCollection 2014.

-Gondola, J.C. y col. (1985). Effects of a systematic program of exercise on selected measures of creativity. Percept Mot Skills; 60(1):53-4.

-Steinberg, H. y col. (1997). Exercise enhances creativity independently of mood. Br J Sports Med ;31(3):240-5.

-Colzato, L. y col. (2013). The impact of physical exercise on convergent and divergent thinking. Front Hum Neurosci; 2;7:824. doi: 10.3389/fnhum.2013.00824. eCollection 2013.

-Nota a Colzato, L. en thelegraph. Disponible en:
http://www.telegraph.co.uk/news/science/science-news/10491702/Lacking-inspiration-Exercise-found-to-boost-creativity.html

etiquetas: Murakami, ciencia, dopamina, literatura, cerebro, divulgación científica

 

Bukowski, ríos de dopamina y creatividad

Existe en el cerebro un único circuito del placer (1, 2), un entramado neuronal concreto, que incluye al área tegmental ventral y el núcleo accumbens (2). El principal neurotransmisor asociado a este circuito es la dopamina, que cumple un papel central en varias regiones del cerebro implicadas en el movimiento, la motivación y la recompensa por sensaciones placenteras (1)

Desde hace un tiempo largo se sabe que muchas de las sustancias adictivas para el hombre, incluyendo el alcohol, conllevan a un aumento de la actividad mediada por la dopamina (1,3,4,5). Sin embargo, solo recientemente ha comenzado a validarse, con información científica, otra importante asociación: la dopamina podría estar ligada a la creatividad, definida como la capacidad de generar algo nuevo y positivo, que va más allá de lo familiar o aceptado (6).

Interesantemente, se ha observado que algunos genes involucrados en vías de señalización de la dopamina afectan los resultados obtenidos en varios test de creatividad. Los genes en cuestión tienen funciones importantes tanto en la degradación de la dopamina (COMT) como en la unión de la misma (receptores como DRD2) (7, 8, 9). En otras palabras: los individuos con ciertos alelos* de genes relacionados con el manejo de la dopamina podrían ser más creativos.

De este modo, el hecho de que muchas sustancias adictivas afecten los circuitos de la dopamina y esta, luego, tenga influencia sobre la creatividad, comienza a completar un interesante marco de relaciones, un marco donde tal vez pueda comprenderse mejor la controvertida relación de muchas figuras de las artes con sustancias psicoactivas. En particular, grandes escritores de la historia han tenido un vínculo cercano con la bebida, a tal punto, que la propia Wikipedia incluye entre sus páginas un link directo a este tópico:

https://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_y_alcohol

Aunque grandes escritores hayan tenido un vínculo estrecho con la bebida, es preciso aclarar que, aun cuando el alcohol pueda tener una asociación con la creatividad, lejos está de ser la fuente de cualquier talento, sino, surgirían siempre grandes escritores al cabo de un par de copas, cosa que, claramente, no ocurre. Esto solo sucede con algunos elegidos, como fue sin duda el caso de Charles Bukoswski.

Henry Charles Bukowski, nació en Alemania, en 1920, y al poco tiempo sus padres se mudaron a los Estados Unidos. Como ha ocurrido con varias figuras del arte, el pequeño Charles fue menospreciado por su padre, quien lo castigaba a golpes cuando le venía en gana. En cuanto descubrió que Charles escribía, no tuvo reparos en arrojarle sus cuentos a la calle, y terminó por echarlo de su casa, como si ese futuro gran escritor no mereciera habitar bajo su mismo techo, rancio y pobre. Así, el joven Bukoswki comenzó a vagabundear por las calles de su ciudad adoptiva, Los Angeles, conociendo su costado más sórdido y marginal. La bebida se volvió rápidamente una fiel compañera, a la que no abandonaría en toda su vida, incluso, luego de rozar la muerte a los treinta y cinco años, cuando ingresó en una guardia de urgencias a causa de una úlcera sangrante. Costeándose la vida y el alcohol con pequeños trabajos, conoció al primer amor de su vida, Janet Cooney Baker, quien, de algún modo, parece que hasta lo hubiera suplantado en su destino, ya que fue ella quien tomó hasta morir, literalmente, de una fatal borrachera.

De tantos tugurios de mala muerte, de tantas resacas y revolcones, de tantas madrugadas y trabajos precarios, Bukoskwi se caló hasta lo más hondo. Lector ávido y escritor constante, de a poco sus experiencias fueron derramándose en poemas y relatos; oscuros, por lo general, crudos y directos, normalmente, pero siempre magistrales. Escribió donde pudo y como pudo, en cualquier momento y lugar.

Después de recurrir a todo tipo de empleos circunstanciales, recién consiguió dedicarse de lleno a la escritura a los cincuenta años, momento a partir del cual se volvió un autor sumamente prolífico y cada vez más reconocido.

Pocos como Bukoswki supieron retratar tan bien los matices de una vida marginal, de aquellos que son, o se consideran, perdedores, loosers, destinados a vagabundear sin horizonte alguno, indiferentes a todo lo que no sea conseguir una petaca para despatarrarse en el primer zaguán que se cruce en el camino.

Pero Bukowski, más allá de haber transitado por los caminos que relata, también sabía tener un pie en otra parte y una cabeza en otro mundo, aislada de la atmósfera de vapores alcohólicos que lo acompañaba a todas partes. Sus neuronas, a la par de sus lecturas, se extendieron por su cerebro como ramas de un árbol frondoso, y su constancia para escribir terminó por consolidar su talento innato. Esta combinación potenciada con borbotones de alcohol en altas dosis resultó en una combinación portentosa, una explosión de letras, de rimas, de dopamina y creatividad.

A continuación, uno de sus poemas:

Aire y luz y tiempo y espacio.

Sabes, yo tenía una familia, un trabajo, algo
siempre estaba
en el medio,
pero ahora
vendí mi casa, encontré este
lugar, un estudio amplio, deberías ver el espacio y
la luz,
por primera vez en mi vida voy a tener un lugar
y el tiempo para
crear.

No, nene, si vas a crear
vas a crear trabajando
dieciséis horas por día en una mina de carbón
o
vas a crear en una piecita con tres chicos
mientras estas
desocupado,
vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de
tu cuerpo,
vas a crear ciego
mutilado
loco,
vas a crear con un gato trepando por tu
espalda mientras
la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos,
inundaciones y fuego.
nene, aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con esto
y no crean nada,
excepto quizás una vida más larga para encontrar
nuevas excusas.

De Charles bukowski, poemas, editora A.C. Argentina, 1995.

*Alelos: cada una de las formas alternativas que puede tener un gen, debido a diferencias en la secuencia de ADN y que, eventualmente, puede manifestarse en modificaciones concretas de la función de ese gen


Para seguir leyendo:

(1). Berridge, K.C., Kringelbach, M.L. 2015. “Pleasure systems in the brain”. Neuron 86 (3): 646–664.

(2). Linden, D. 2011. The compass of pleasure, Penguin books, EEUU.

(3). Di chiara, G. 1997. Alcohol and dopamine. Alcohol Health Res World. 1997;21(2):108-14

(4). Ramchandani, V.A. y col. 2011. A genetic determinant of the striatal dopamine response to alcohol in men. Molecular Psychiatry (2011) 16, 809–817.

(5). Spanagel, R. (2009). Alcoholism: A Systems Approach From Molecular Physiology to Addictive Behavior. Physiol Rev 89: 649–705, 2009.

(6). Zaidel, D. W. (2014). Creativity, brain, and art: biological and neurological considerations. Frontiers in Human Neuroscience, Volume 8, Article 389.

(7). Zabelina, D. L., y col. (2016). Dopamine and the Creative Mind: Individual Differences in Creativity Are Predicted by Interactions between Dopamine Genes DAT and COMT. Plos ONE. DOI:10.1371/journal.pone.0146768.

(8). Orjan de Manzano, O. y col. (2010). Thinking Outside a Less Intact Box: Thalamic Dopamine D2 Receptor Densities Are Negatively Related to Psychometric Creativity in Healthy Individuals. Volume 5; Issue 5, e10670.

(9). Zhang, S. y col (2014). Association of COMT and COMT-DRD2 interaction with creative potential. Front Hum Neurosci. Front Hum Neurosci; 14;8:216. doi: 10.3389/fnhum.2014.00216. eCollection 2014.

https://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_y_alcohol

IMDb. Charles Bukowski biography. Disponible en:  http://www.imdb.com/name/nm0001977/bio?ref_=nm_ov_bio_sm

Wikipedia. Charles Bukowski. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Bukowski

Revista Eñe. Vida y Obra: Charles Bukowski. Disponible en: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/poesia/Vida-Obra-Charles-Bukowski_0_895710682.html

Ni hemisferio izquierdo ni derecho, ciencia, literatura y creatividad toman ventaja de todo el cerebro

Tres siglos antes de cristo, Aristóteles afirmaba que el cerebro servía para refrigerar la sangre (1). En el siglo XVII, René Descartes postulaba que la glándula pineal del cerebro constituía el sitio donde se alojaba el alma (2). En el siglo XX, a partir de estudios de Roger Sperry y colaboradores se considera que los dos hemisferios del cerebro poseen funciones bien diferenciadas: el derecho, creativas y artísticas; el izquierdo, lógicas y racionales (3). ¿Cuál de estos conceptos es correcto? ¿Cuál incorrecto? La respuesta es que las tres nociones son incorrectas. Cada una corresponde a una época particular y la ciencia ha demostrado lo erróneo de cada una de ellas. Sin embargo, la más reciente aún perdura como una verdad para mucha gente. De algún modo, la imagen de la división de las funciones del cerebro en dos hemisferios antagónicos parece haber cautivado a la sociedad, al punto de instalarla como un cómodo paradigma. Los artistas tendrían un hemisferio derecho desbordante de originalidad, mientras que las personas abocadas a otras tareas, acaso contadores y notarios, actuarían bajo la influencia de un riguroso hemisferio izquierdo.

Es interesante notar que uno de los artículos más importantes de Roger Sperry fue publicado en 1961(4), dos años después del influyente discurso de C.P. Snow sobre las dos culturas (5). Esto es, científicos y literatos podían dividirse en dos grupos divergentes, con escasa o nula interacción. Este distanciamiento bien podía justificarse en el contexto del paradigma de un cerebro dividido, en donde la influencia de un hemisferio resultaría crucial: ciencia o literatura; matemática o arte, creatividad o racionalidad. Sin embargo, esta visión separatista lejos está de la evidencia científica actual (6).

Por un lado, no existen pruebas concretas de que las actividades artísticas impliquen exclusivamente al hemisferio derecho. Estudios realizados por neuroimágenes muestran que durante la improvisación musical se observa actividad en redes neuronales pertenecientes a ambos hemisferios (7), lo mismo que para el arte visual (8) o la creación de metáforas literarias (9), incluso, cuando en estos dos últimos casos existe una clara importancia de uno de los dos hemisferios, para el reconocimiento visual, por parte del hemisferio derecho; y para el lenguaje, por parte del hemisferio izquierdo. Por otra parte, las actividades racionales tampoco estarían confinadas únicamente al hemisferio izquierdo. Se ha observado que cierto tipo de actividades matemáticas requieren el empleo de más neuronas del hemisferio izquierdo, mientras que otro tipo implica un mayor uso de neuronas del hemisferio derecho (3). La generación de ideas en general también correlaciona con el empleo de estructuras neurales pertenecientes al cerebro en su conjunto (10). Además, cada vez más estudios reportan la importancia del entrenamiento sobre las redes neuronales. Se ha descrito que mientras más se practica una actividad, matemática (3), artística (11), o incluso un juego como el ajedrez (12), más neuronas de ambos hemisferios se reclutan para dicha actividad. De hecho, esta flexibilidad correlaciona perfectamente con estudios que muestran que la capacidad misma de la lectura deriva de un reciclaje de neuronas para esta finalidad, que hubieran tenido otro destino, si no hubiera existido el estímulo de la lectura (13).  

¿Y qué hay de la creatividad? Esta capacidad ha sido definida como “la introducción de algo nuevo y positivo para la sociedad que va más allá de lo familiar y lo aceptado” (14). El mismo Sperry asoció el hemisferio derecho con el arte y la creatividad, y llegó a declarar: “(…) ahora que estamos metidos hasta las cachas en lo que se llama la Economía Creativa y la Era conceptual nadie puede permitirse ignorar al artista interior: el hemisferio derecho del cerebro” (3). Numerosos estudios de neuroimágenes lo contradicen, indican, por el contrario, que no existe un sitio específico del cerebro donde resida una estructura responsable de la creatividad (7).  Este hecho no debería llamar la atención, ya que la capacidad creativa requiere de múltiples funciones ejecutoras, tales como planeamiento, memoria, atención, pensamiento abstracto y divergente, entre otras, que reclutan redes neuronales de diversos espacios del cerebro y de ambos hemisferios. Además, cabe destacar que la creatividad es transversal a múltiples actividades humanas, incluyendo el arte, la ciencia, la política, la economía, la generación de nuevas ideas en la vida cotidiana, etc etc.

En definitiva, la división del cerebro en dos hemisferios antagónicos resultó atractiva y cómoda, pero falsa. Acaso pueda decirse algo semejante sobre otras separaciones tajantes; al fin y al cabo, el cerebro humano no está formado por compartimentos estancos sino por amplias redes neuronales, redes flexibles y capaces de aprendizaje donde, eventualmente, hasta podrían entrelazarse ciencia y literatura.   

 

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 Referencias para seguir leyendo

1) Scientific American. Aristotle Thought the Brain Was a Radiator. Disponible en: http://www.scientificamerican.com/article/aristotle-thought-the-brain-was-a-radiator/

2) Wikipedia. Glándula pineal. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndula_pineal

3) Ramón Alonso, El mito del cerebro izquierdo y el cerebro derecho. 2016. Disponible en:  http://jralonso.es/2016/08/08/el-mito-del-cerebro-izquierdo-y-el-cerebro-derecho/

4) Sperry, R. W. (1961). Cerebral organization and behavior. Science 133: 1749-1757.

5) Wikipedia. Las dos culturas. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Las_dos_culturas

6) Centre for educational research and innovation. Neuromyth 6. Disponible en: https://www.oecd.org/edu/ceri/neuromyth6.htm

7) Villarreal, M.F., Cerquetti, D., Caruso, S., Schwarcz López Aranguren, V., Gerschcovich, E.R., Frega, A.L., Leiguarda, R.C. (2013). Neural correlates of musical creativity: differences between high and low creative subjects. PLoS One. 12;8(9):e75427. doi: 10.1371/journal.pone.0075427. eCollection 2013.

 8). Aziz-Zadeh, L., Liew, S.L., Dandekar, F. (2013). Exploring the neural correlates of visual creativity. Soc Cogn Affect Neurosci;8(4):475-80. doi: 10.1093/scan/nss021.

9) Benedek, M., Beaty, R., Jauk, E., Koschutnig, K., Fink, K., ilvia, P. J., Dunst, B., Neubauer, A. C. (2014). Creating metaphors: The neural basis of figurative language production. NeuroImage 90, 99–106

10) Benedek, M., Jauk, E., Fink, A., Koschutnig, K., Reishofer, G., Ebner, F., Neubauer, A.C. (2013). To create or to recall? Neural mechanisms underlying the generation of creative new ideas. Neuroimage; 88:125-33. doi: 10.1016/j.neuroimage.2013.11.021.

11) Kowatari, Y., Lee, S.H., Yamamura, H., Nagamori, Y., Levy, P., Yamane, S., Yamamoto, M. (2009). Neural networks involved in artistic creativity. Hum Brain Mapp. 30(5):1678-90. doi: 10.1002/hbm.20633.

12) Turella, L., Campitelli, G., Erb, M., Grodd, W. 2012. Expertise modulates the neural basis of context dependent recognition of objects and their relations. Hum Brain Mapp; 33(11):2728-40. doi: 10.1002/hbm.21396. Epub 2011 Oct 13.

13) Dehaene, S., Cohen, L., Morais, J., Kolinsky, R. Illiterate to literate: behavioural and cerebral changes induced by reading acquisition. Nat Rev Neurosci. 2015 Apr;16(4):234-44. doi: 10.1038/nrn3924.

14) Boccia, M., Piccardi, L., Palermo, L., Nori, R., and Palmiero, M. (2015). Where do bright ideas occur in our brain? Meta-analytic evidence from neuroimaging studies of domain-specific creativity. Frontiers in Psychology, Vol 6, Article 1195.  

 

 

 

La literatura y su placer

Observar la imagen de una copa helada, una tableta de chocolate con almendras o una torta de frutillas con merengue puede generar el deseo de consumir alguna de esas delicias, incluso, si no se tiene hambre. Esta característica, que no parece demasiado llamativa, bien podría revelar una parte vital del funcionamiento de nuestro cerebro. Antes se pensaba que eran las necesidades las que motivaban conductas de búsqueda, con el fin de paliar, por ejemplo, el hambre y la sed. En cambio, en la actualidad existe amplia evidencia de que el deseo de recompensa, más que la necesidad, es lo que genera la motivación de actuar (1).

¿Existiría el arte, si nuestras acciones se hubieran enfocado en satisfacer, únicamente, las demandas básicas del cuerpo? Posiblemente no. Las necesidades fisiológicas aparecen en momentos puntuales y generan acciones que terminan muy pronto, en cuanto se cumple con lo que pide la biología. En cambio, el deseo de una recompensa placentera es una fuerza sumamente poderosa, que se proyecta hacia adelante de forma constante; y que no termina, ni siquiera, cuando se ha resuelto la demanda real, lo que explica por qué podemos continuar comiendo cuando ya no tenemos hambre. La búsqueda de recompensas placenteras permite la generación de objetivos más diversos y puede servirse del aprendizaje y de la creatividad. Por ese motivo, las especies cuyos cerebros permiten obtener mejores recompensas son los que habitualmente ganan en la evolución. (2) Y claramente, sin aprendizaje ni creatividad, difícilmente hubieran surgido la ciencia y las diversas formas de arte.

Las estructuras cerebrales que participan en la generación de placer por recompensas constituyen lo que se denomina, precisamente, “circuito de recompensa”. Es importante destacar que el deseo es la emoción que ayuda a dirigir las conductas hacia recompensas conocidas, mientras que el placer es la experiencia pasiva que se deriva de una recompensa recibida o anticipada (2).

Los estudios realizados con neuroimágenes fueron vitales para determinar las áreas del cerebro involucradas en el circuito de recompensa. Dos estructuras críticas son el área tegmental ventral (ATV) y el núcleo accumbens (Nac) (Figura).

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Situado en el cerebro medio, en la parte superior del tronco cerebral, el ATV es una de las partes más primitivas del cerebro. Las neuronas de la ATV conectan con el Nac y también sobre otras estructuras como la amígdala, el septum, y el córtex prefrontal (3).

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Por su parte, el núcleo accumbens es uno de los principales sitios, aunque no el único, donde han sido reconocidos centros puntuales de placer (hotspots), mediante la estimulación específica y el reconocimiento de expresiones faciales asociadas al placer (4).

Las formas de placer obtenidas de la naturaleza son limitadas. Por ende, el ser humano debió dar un salto cualitativo en cuanto descubrió que era capaz de generarse, él mismo, otros tipos de placeres más sofisticados, tales como las diversas formas de arte, música, pintura, escultura y, hace tan solo unos miles de años, la literatura.

Esta capacidad es tan próxima que se ha sugerido que no hubo tiempo suficiente, desde un punto de vista evolutivo, como para que el cerebro genere un área destinado a la lectura, sino que más bien depende de un reciclaje de neuronas, que de forma cultural son abocadas al objetivo de leer, un nuevo fin que los niños aprenden recién después de hablar, cantar o pintar (5).

Es interesante destacar que la capacidad de disfrutar de la lectura en general y de la literatura en particular, podría explicarse mediante el mecanismo de recompensa. Esto se debe a que las representaciones visuales o mentales generadas por la lectura podrían tener un papel relevante en el circuito del placer (2).

De hecho, Roland Barthes en su ensayo “el placer del texto”, desde un enfoque totalmente distinto, postula que la literatura, desde la antiguedad, solo tiene el fin representar la realidad (7). Acaso no falte demasiado para que pueda explicarse en detalle cómo la literatura es capaz de generar placer mediante la construcción de representaciones del mundo y de la humanidad, y a través de su manipulación interna, destruyendo o proyectando esas representaciones (8).

El cerebro humano se considera el objeto más complejo del universo, pero gracias al avance de la ciencia muchos de sus secretos están siendo develados, incluso, aquellos relacionados con el papel del arte y las emociones.

Todavía hay quién se opone a esta función de la ciencia, argumentando que se perdería cierta magia si llegara a comprenderse el funcionamiento completo del cerebro. Pero acaso sea todo lo contrario, porque el conocimiento no afecta, y en todo caso magnifica, las emociones auténticas; por ejemplo, conocer los complejos y sutiles mecanismos de la embriogénesis no anulan en absoluto la felicidad de quien acaba de tener un hijo. Y en su conjunto, es posible que mientras más se comprendan los procesos que subyacen a la vida, más fascinante resulte disponer durante un breve tiempo de este privilegio.


Aclaración : Hasta poco tiempo se consideraba que las estructuras neuronales del circuito del placer, así como los neurotransmisores involucrados, tales como la dopamina, solo tenían funciones placenteras. Actualmente dicho paradigma está siendo desafiado por nuevas evidencias que sugieren que más allá de este papel, los componentes involucrados también podrían mediar efectos en el castigo y la repulsión de diversos estímulos. Además, es evidente que el estudio en mayor profundidad de este circuito también arrojará importantes implicancias en la comprensión y el manejo de diversas adicciones (9,10,11,12).

Referencias:

(1). Delgado, P. 2013. ¿Cómo funciona el sistema de recompensa del cerebro? Bitácora médica. Disponible en: http://bitacoramedica.com/%C2%BFcomo-funciona-el-sistema-de-recompensa-del-cerebro/

(2). Schultz, W. 2015. NEURONAL REWARD AND DECISION SIGNALS: FROM THEORIES TO DATA. Physiol Rev 95: 853–951.

(3). Malenka, R.C., Nestler, E.J., Hyman, S.E. (2009). “Chapter 15: Reinforcement and Addictive Disorders”. In Sydor A, Brown RY. Molecular Neuropharmacology: A Foundation for Clinical Neuroscience (2nd ed.). New York: McGraw-Hill Medical. pp. 365–366, 376. ISBN 9780071481274.

(4). Morten, L., Kringelbach, D., and Berridge, K.C. 2010. The Functional Neuroanatomy of Pleasure and Happiness. Discov Med.9(49): 579–587.

(5). Dehaene, S. 2014. El cerebro lector. Siglo XXI, Argentina.

(6). Logatt Grabner, C. Neurobiología del deseo y el placer. Disponible en: http://www.asociacioneducar.com/notas/neurobiologia-deseo-placer.pdf

(7). Barthes, R. 2007. El placer del texto, siglo XXI, Argentina.

(8). Mata, J. 2016. 10 ideas claves. Animación a la lectura: hacer de la lectura una práctica feliz, trascendente y deseable.  Editorial Grao, España

(9). Aransay, A., Rodríguez-López, C., García-Amado, M., Clascá, F., and Prensa, L. 2015. Long-range projection neurons of the mouse ventral tegmental area: a single-cell axon tracing analysis. Frontiers in Neuroanatomy, Vol 9, 59. doi: 10.3389/fnana.2015.00059.

(10). Volman, S.F. Lammel, S., Margolis, E. B., Kim, Y., Richard, J.M., Roitman, M. F., Lobo, M.K. 2013. New Insights into the Specificity and Plasticity of Reward and Aversion Encoding in the  mesolimbic System. The Journal of Neuroscience, 33(45):17569 –17576

(11). Salamone,J.D. y Correa, M. 2012. The Mysterious Motivational Functions of Mesolimbic Dopamine. Neuron 76, pp 470-485.

(12). Berridge, K.C., Kringelbach, M.L. 2015. “Pleasure systems in the brain”. Neuron 86 (3): 646–664.