Sobre dónde se esconde y por qué no se expresa como arte la belleza de la ciencia

La experiencia estética, definida como aquella cuya finalidad única es generar satisfacción, es un concepto naturalmente relacionado con el arte. Por el contrario, la ciencia siempre ha sido asociada con lo racional, con el desarrollo teórico y la metodología científica. Sin embargo, cabe preguntarse si la ciencia no es capaz de generar experiencias estéticas como parte sustancial de las actividades que la involucran.

Para el arte, la empatía es crucial, esa increíble capacidad de ponerse en el lugar del otro. ¿Existe un equivalente para los investigadores? Al respecto, Louis Liebenberg propone que quienes trabajan en ciencia tienen la habilidad de situarse en el lugar de sus objetos de estudio, en su misma escala (1). Para fundamentarse menciona, por ejemplo, que el premio nobel Jaques Monod opinaba que los físicos son capaces de identificarse con imágenes visuales de sus temas de interés, y que el matemático Paul Olum, para ir un poco más lejos, creía que los investigadores hasta podían pensar cosas como: “¿si yo fuera un electrón, qué haría?” Lo cierto es que más allá del grado en que los investigadores se relacionen con lo que analizan, la realidad es que difícilmente alguien pueda manejarse con soltura en un área cualquiera, si no es capaz de imaginar con claridad los objetos sobre los que piensa.

¿Pero pueden ese tipo de visiones constituir experiencias estéticas?

En un conocido texto (2), el notable físico Richard Feynman menciona refiriéndose a una flor:

“Puedo imaginar las células que hay en ella, las complicadas acciones que tienen lugar en su interior y que también tienen su belleza. Lo que quiero decir es que no sólo hay belleza en la dimensión que capta la vista, sino que se puede ir más allá, hacia la estructura interior”.

En este punto emerge, naturalmente, una comparación con la literatura. Esta es una rama del arte que genera placer a través de la imaginación, representaciones de la realidad que, a decir verdad, podrían tener una clara semejanza con las que un investigador se representa al momento de pensar en sus objetos de interés.

El poder de la imaginación es tan grande que cuando una obra literaria es llevada al cine, la mayor parte de las veces los lectores de un libro coinciden en que disfrutaron más de la lectura de la obra, es decir, de lo que su propia imaginación construyó a partir de una historia.

La siguiente es solo una de las tantas imágenes que pueden traerse, por la tecnología, a la esfera visible por todos:

ciencia belleza feynman

A partir de estas imágenes, y muchas otras, surge el interrogante: ¿sí así son las formas que logran verse, artificialmente, con el uso de la tecnología, qué tan bellas pueden ser las imágenes que un investigador es capaz de generar en su propia cabeza?

Es difícil saberlo. Las imágenes que ocupan la mente de quienes trabajan en ciencia rara vez son compartidas. Apenas en contadas excepciones es posible atisbar ese universo inexplorado. El caso de los matemáticos que pintan, o bien, el de los pintores que se interesan por las matemáticas, es uno de los pocos ejemplos:

ciencia belleza feynman

http://lunyitsai.com/gadgets/tg.07.htm

escher belleza ciencia

http://www.bbc.com/culture/story/20150624-arts-most-famous-illusion

Aunque en la ciencia el pensamiento racional sería clave para generar experiencias estéticas, y en el arte, por el contrario, serían los sentimientos los que tendrían un rol vital, entender y sentir no serían más que dos maneras complementarias de conectarse con el universo exterior, aquello que trasciende a cada individuo, que existe desde antes y existirá después de toda muerte. Los artistas tienden a plasmar sus trabajos en obras de arte, su razón de ser, después de todo. En cambio, para los investigadores el objetivo último es generar conocimiento científico y comunicarlo en artículos especializados. Las experiencias estéticas que pueden acompañar la labor de los investigadores difícilmente llegan a ver la luz, se extinguen con el tiempo. Richard Feynman afirmaba que los científicos pueden “ver” muchas cosas en una flor, sin embargo, incluso, estando de acuerdo, también parece indiscutible que aquello que es posible “ver” rara vez es compartido de otro modo que no sea una comunicación científica.

¿Por qué esta diferencia con los artistas? Muchos pueden ser los motivos. Por una parte, los investigadores deberían aprender a expresarse de manera subjetiva, lo cual no es un trabajo menor, ya que incluso cualquier hombre de arte debe perfeccionarse en sus métodos. Por otro lado, un investigador apunta a la demostración estadística de sus resultados y a que sean reproducibles, de modo que sus experiencias estéticas, en tanto ser humano, poco aportan para sustentar su información científica, pese a que el resto de la sociedad bien podría valorar ese contacto.

Hemos podido apreciar cómo se “ve” un reloj en la cabeza de Dalí y unas señoritas de Avignon en la de Picasso, pero, ¿cómo se verían las variaciones de las especies desde el interior de la cabeza de Darwin? ¿Cómo se habrá representado Einstein las ondas gravitacionales? Muy posiblemente, una imagen tuvo que acompañar esos conceptos, aunque nunca lo sabremos. Acaso haya, alguna vez, un cambio que estimule la expresión de esas visiones, que lo que pueda “verse” en las flores, en una teoría de cuerdas o en una secuencia de ADN comience a ser visible para todos, que no se pierdan esas imágenes, sino que cada vez sean más las representaciones que afloren desde la ciencia hacia cualquiera de las formas del arte.


 

 

Para seguir leyendo:

(1)  Louis Liebenberg. 2013. The origin of science. Cybertracker, Sudáfrica.

(2) Texto completo de “Oda a una flor”, de Richard Feynman:

“Tengo un amigo artista que suele adoptar una postura con la que yo no estoy muy de acuerdo. Él sostiene una flor y dice: «Mira qué bonita es», y en eso coincidimos. Pero sigue diciendo: «Ves, yo, como artista, puedo ver lo bello que es esto, pero tú, como científico, lo desmontas todo y lo conviertes en algo anodino».

Y entonces pienso que él está diciendo tonterías. Para empezar, la belleza que él ve también es accesible para mí y para otras personas, creo yo. Quizá yo no tenga su refinamiento estético, pero puedo apreciar la belleza de una flor.

Pero al mismo tiempo, yo veo mucho más en la flor que lo que ve él. Puedo imaginar las células que hay en ella, las complicadas acciones que tienen lugar en su interior y que también tienen su belleza. Lo que quiero decir es que no sólo hay belleza en la dimensión que capta la vista, sino que se puede ir más allá, hacia la estructura interior.

También los procesos, por ejemplo, el hecho de que los colores hayan evolucionado para atraer a los insectos significa que los insectos pueden apreciar el color. Y entonces se crea la pregunta: ¿El sentido de la estética también lo tienen las formas de vida menores de la naturaleza? ¿Por qué razón les resulta estético?

Toda clase de interesantes cuestiones de la ciencia que no hacen sino sumarle misterio e interés a la impresión que deja una simple flor, no entiendo cómo podría restárselo”

Richard Feynman, en una famosa entrevista a la BBC en 1981. Traducción de BIOTAY

http://biotay.blogspot.com.ar/2010/03/la-flor-de-feynman.html

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8 thoughts on “Sobre dónde se esconde y por qué no se expresa como arte la belleza de la ciencia

  1. Un placer leerte y, como siempre, comprobar la coincidencia de pensamientos en lo que compartimos y la enriquecedora experiencia de los puntos de vista que me permites descubrir. Por la capacidad de síntesis de tu entrada, me quedo con las frases del último párrafo: “¿cómo se verían las variaciones de las especies desde el interior de la cabeza de Darwin? ¿Cómo se habrá representado Einstein las ondas gravitacionales?”. Si en esto no están implicadas experiencias artísticas, como la capacidad del investigador de ponerse nada menos que en el lugar de su objeto de estudio, que baje Picasso y lo vea.
    Un abrazo

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    1. Hola José, gracias por tu comentario, es un gusto este intercambio y coincidencia de opiniones. Es realmente valioso tu aporte en el área, con tu blog y cursos inclusive. Seguimos en contacto, cuando los temas de ciencia y literatura nos vuelvan a cruzar.
      Un abrazo

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  2. Creo que la solidez del artículo corre pareja con la hermosura y concisión de su lenguaje. Me ha gustado mucho la elaboración de los argumentos y el tema me parece muy atractivo. Durante cerca de dos años tuve la grata experiencia de que un matemático de cierta relevancia entrara a leer y comentar en mi cuaderno Lucernarios mis artículos y poemas; fue una etapa muy productiva y me descubrió una forma nueva de mirar el mundo, las relaciones que se establecen dentro del mismo y la belleza de las cosas.
    Muchas gracias. Seguiré leyendo, seguro que con el mismo interés.
    Salud.

    Julio González Alonso

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias, Julio. De tu comentario me quedó la duda sobre lo que compartieron con el matemático, espero encontrarlo en tu blog. No me cabe duda de que existe un terreno fértil para la creatividad en la intersección del arte y la ciencia, solo que requiere de mucho tiempo y dedicación para que una misma persona pueda abordar un tema desde ambas miradas. En ese sentido, las colaboraciones son una alternativa excelente y enriquecedora. Éxitos con tu libro y si tenés alguna producción cercana a cualquier área de la ciencia con gusto la difundiría en el blog. Un saludo y estamos en contacto!
      Martín

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      1. El matemático Santiago Fernández entró a comentar en Lucernarios hacia octubre de 2010 y lo hizo hasta más allá de mayo de 2013. El 25 de mayo, concretamente, le dediqué -agradecido- el poema visual geométrico “Triángulos amorosos”. Sus aportaciones siempre fueron algo más del socorrido “me gusta” y dieron pie a sabrosos coloquios.
        Tomo en cuenta tu propuesta, Martín, sobre la publicación en tu cuaderno. Muy amable.
        Salud.

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  3. Hola Julio, muy interesante tu experiencia y un gusto de pasear por tu blog, tan amplio y desbordante de contenidos culturales. Seguramente visitaré tu espacio con frecuencia y aguardo cualquier aporte de tus trabajos. Por lo pronto, “triángulos amorosos”, con tu permiso, trataré de incluirlo en una entrada especial sobre poesía y matemáticas, que llevo madurando desde hace algún tiempo y esa casualidad, de tu original poema, no hace más que convencerme de que es momento de abordar esa temática.
    Te agradezco por tu aporte al blog y espero que sigamos en contacto, saludos!
    Martín

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