La literatura y su placer

Observar la imagen de una copa helada, una tableta de chocolate con almendras o una torta de frutillas con merengue puede generar el deseo de consumir alguna de esas delicias, incluso, si no se tiene hambre. Esta característica, que no parece demasiado llamativa, bien podría revelar una parte vital del funcionamiento de nuestro cerebro. Antes se pensaba que eran las necesidades las que motivaban conductas de búsqueda, con el fin de paliar, por ejemplo, el hambre y la sed. En cambio, en la actualidad existe amplia evidencia de que el deseo de recompensa, más que la necesidad, es lo que genera la motivación de actuar (1).

¿Existiría el arte, si nuestras acciones se hubieran enfocado en satisfacer, únicamente, las demandas básicas del cuerpo? Posiblemente no. Las necesidades fisiológicas aparecen en momentos puntuales y generan acciones que terminan muy pronto, en cuanto se cumple con lo que pide la biología. En cambio, el deseo de una recompensa placentera es una fuerza sumamente poderosa, que se proyecta hacia adelante de forma constante; y que no termina, ni siquiera, cuando se ha resuelto la demanda real, lo que explica por qué podemos continuar comiendo cuando ya no tenemos hambre. La búsqueda de recompensas placenteras permite la generación de objetivos más diversos y puede servirse del aprendizaje y de la creatividad. Por ese motivo, las especies cuyos cerebros permiten obtener mejores recompensas son los que habitualmente ganan en la evolución. (2) Y claramente, sin aprendizaje ni creatividad, difícilmente hubieran surgido la ciencia y las diversas formas de arte.

Las estructuras cerebrales que participan en la generación de placer por recompensas constituyen lo que se denomina, precisamente, “circuito de recompensa”. Es importante destacar que el deseo es la emoción que ayuda a dirigir las conductas hacia recompensas conocidas, mientras que el placer es la experiencia pasiva que se deriva de una recompensa recibida o anticipada (2).

Los estudios realizados con neuroimágenes fueron vitales para determinar las áreas del cerebro involucradas en el circuito de recompensa. Dos estructuras críticas son el área tegmental ventral (ATV) y el núcleo accumbens (Nac) (Figura).

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Situado en el cerebro medio, en la parte superior del tronco cerebral, el ATV es una de las partes más primitivas del cerebro. Las neuronas de la ATV conectan con el Nac y también sobre otras estructuras como la amígdala, el septum, y el córtex prefrontal (3).

cerebro ciencia y literatura

Por su parte, el núcleo accumbens es uno de los principales sitios, aunque no el único, donde han sido reconocidos centros puntuales de placer (hotspots), mediante la estimulación específica y el reconocimiento de expresiones faciales asociadas al placer (4).

Las formas de placer obtenidas de la naturaleza son limitadas. Por ende, el ser humano debió dar un salto cualitativo en cuanto descubrió que era capaz de generarse, él mismo, otros tipos de placeres más sofisticados, tales como las diversas formas de arte, música, pintura, escultura y, hace tan solo unos miles de años, la literatura.

Esta capacidad es tan próxima que se ha sugerido que no hubo tiempo suficiente, desde un punto de vista evolutivo, como para que el cerebro genere un área destinado a la lectura, sino que más bien depende de un reciclaje de neuronas, que de forma cultural son abocadas al objetivo de leer, un nuevo fin que los niños aprenden recién después de hablar, cantar o pintar (5).

Es interesante destacar que la capacidad de disfrutar de la lectura en general y de la literatura en particular, podría explicarse mediante el mecanismo de recompensa. Esto se debe a que las representaciones visuales o mentales generadas por la lectura podrían tener un papel relevante en el circuito del placer (2).

De hecho, Roland Barthes en su ensayo “el placer del texto”, desde un enfoque totalmente distinto, postula que la literatura, desde la antiguedad, solo tiene el fin representar la realidad (7). Acaso no falte demasiado para que pueda explicarse en detalle cómo la literatura es capaz de generar placer mediante la construcción de representaciones del mundo y de la humanidad, y a través de su manipulación interna, destruyendo o proyectando esas representaciones (8).

El cerebro humano se considera el objeto más complejo del universo, pero gracias al avance de la ciencia muchos de sus secretos están siendo develados, incluso, aquellos relacionados con el papel del arte y las emociones.

Todavía hay quién se opone a esta función de la ciencia, argumentando que se perdería cierta magia si llegara a comprenderse el funcionamiento completo del cerebro. Pero acaso sea todo lo contrario, porque el conocimiento no afecta, y en todo caso magnifica, las emociones auténticas; por ejemplo, conocer los complejos y sutiles mecanismos de la embriogénesis no anulan en absoluto la felicidad de quien acaba de tener un hijo. Y en su conjunto, es posible que mientras más se comprendan los procesos que subyacen a la vida, más fascinante resulte disponer durante un breve tiempo de este privilegio.


Aclaración : Hasta poco tiempo se consideraba que las estructuras neuronales del circuito del placer, así como los neurotransmisores involucrados, tales como la dopamina, solo tenían funciones placenteras. Actualmente dicho paradigma está siendo desafiado por nuevas evidencias que sugieren que más allá de este papel, los componentes involucrados también podrían mediar efectos en el castigo y la repulsión de diversos estímulos. Además, es evidente que el estudio en mayor profundidad de este circuito también arrojará importantes implicancias en la comprensión y el manejo de diversas adicciones (9,10,11,12).

Referencias:

(1). Delgado, P. 2013. ¿Cómo funciona el sistema de recompensa del cerebro? Bitácora médica. Disponible en: http://bitacoramedica.com/%C2%BFcomo-funciona-el-sistema-de-recompensa-del-cerebro/

(2). Schultz, W. 2015. NEURONAL REWARD AND DECISION SIGNALS: FROM THEORIES TO DATA. Physiol Rev 95: 853–951.

(3). Malenka, R.C., Nestler, E.J., Hyman, S.E. (2009). “Chapter 15: Reinforcement and Addictive Disorders”. In Sydor A, Brown RY. Molecular Neuropharmacology: A Foundation for Clinical Neuroscience (2nd ed.). New York: McGraw-Hill Medical. pp. 365–366, 376. ISBN 9780071481274.

(4). Morten, L., Kringelbach, D., and Berridge, K.C. 2010. The Functional Neuroanatomy of Pleasure and Happiness. Discov Med.9(49): 579–587.

(5). Dehaene, S. 2014. El cerebro lector. Siglo XXI, Argentina.

(6). Logatt Grabner, C. Neurobiología del deseo y el placer. Disponible en: http://www.asociacioneducar.com/notas/neurobiologia-deseo-placer.pdf

(7). Barthes, R. 2007. El placer del texto, siglo XXI, Argentina.

(8). Mata, J. 2016. 10 ideas claves. Animación a la lectura: hacer de la lectura una práctica feliz, trascendente y deseable.  Editorial Grao, España

(9). Aransay, A., Rodríguez-López, C., García-Amado, M., Clascá, F., and Prensa, L. 2015. Long-range projection neurons of the mouse ventral tegmental area: a single-cell axon tracing analysis. Frontiers in Neuroanatomy, Vol 9, 59. doi: 10.3389/fnana.2015.00059.

(10). Volman, S.F. Lammel, S., Margolis, E. B., Kim, Y., Richard, J.M., Roitman, M. F., Lobo, M.K. 2013. New Insights into the Specificity and Plasticity of Reward and Aversion Encoding in the  mesolimbic System. The Journal of Neuroscience, 33(45):17569 –17576

(11). Salamone,J.D. y Correa, M. 2012. The Mysterious Motivational Functions of Mesolimbic Dopamine. Neuron 76, pp 470-485.

(12). Berridge, K.C., Kringelbach, M.L. 2015. “Pleasure systems in the brain”. Neuron 86 (3): 646–664.

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