La genética de Shakespeare

William Shakespeare nació en Inglaterra en el año 1564 y falleció en 1616. Fue sin lugar a dudas uno de los grandes escritores de la historia, destacándose por su capacidad para abordar las emociones humanas de un modo magistral. Algunas de sus composiciones más famosas fueron Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, El rey Lear, La tempestad, Sueño de una noche de verano y muchas otras más. Su talento también dio lugar a numerosas citas, tales como:

Ser o no ser, esa es la cuestión

 

Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.

 

El mundo es un gran teatro, y todos los hombres y mujeres son meros actores, tienen sus entradas y sus salidas; y un hombre puede representar muchos papeles.

 

Shakespeare murió a los 52 años de edad por una causa no determinada. Considerando las condiciones de vida de aquella época, donde se carecía de medicamentos y eran frecuentes las epidemias, las costumbres alimenticias eran malas y los hábitos de higiene eran aún peores, no muchos alcanzaban la razonable edad de 52 años. De modo que Shakespeare no solo fue un privilegiado por su capacidad para abordar las emociones humanas, sino que debió de haber tenido una genética muy buena en su conjunto. Cuando se hace referencia a la genética de este modo general, en realidad, se hace alusión al total de los genes de un individuo; la base a partir de la cual se generan todos los tipos celulares de una persona, desde las neuronas, las células intestinales, las musculares, las del sistema inmune y las del resto de los más de cien linajes de células que participan en el cuerpo de un ser humano. Tal diversidad solo puede generarse debido a que cada tipo celular emplea solo algunos genes del total que tiene disponibles, de acuerdo a la función específica que debe cumplir. En otras palabras, si los genes pudieran ser representados como prendas de vestir, camisas, guardapolvos, trajes, mamelucos, corbatas, etc, podría considerarse que todas las células de un cuerpo cuentan con el mismo vestidor, con todas las prendas posibles, es decir, los genes disponibles, pero cada tipo celular elige prendas distintas con las cuales vestirse, de lo cual deriva que las células del corazón sean distintas a las del cerebro, el hígado o el sistema inmune.

Evidentemente, en el caso de Shakespeare, el genial dramaturgo contó con un muy buen vestidor de modo que no tuvo enfermedades ocasionadas por fallas severas en sus genes, y cada uno de sus tipos celulares pudo cumplir con el rol y el guion que le correspondía, sin grandes falencias. Después de todo, en el caso del gran escritor, hasta podría aventurarse que su cuerpo fue un gran teatro, y todas sus células meros actores, actores que con sus entradas y sus salidas terminaron constituyendo una obra magnífica, un Shakespeare, una obra inmortal.

Palabras clave: ciencia, literatura, artículo de divulgación científica

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