A la memoria de Henrietta Lacks

El bien y el mal son propios de la condición humana. A lo largo de la historia han surgido personas especiales, con un don innato para hacer el bien, héroes, genios o simplemente personas sumamente solidarias. Seres únicos, tocados de algún modo para ayudar a la humanidad. Henrietta Lacks fue una de estas personas especiales, pero de un modo muy particular, de un modo que podría decirse que no existía antes de ella.

Henrietta nació en 1920. Fue una más de diez hermanos, diez chicos que perdieron a su madre muy tempranamente. Cuando Henrietta tenía solo 4 años debió mudarse a la casa de sus abuelos. Fue allí donde conoció a su primo David Lacks, con quien se casaría y tendría sus hijos. Persiguiendo un futuro mejor, la familia Lacks se mudó a otra ciudad en 1943.

Pero el destino y los sueños de Henrietta se desencontraron. Después de una visita obligada a un hospital, supo que tenía cáncer, corría el año 1951. En aquella época las herramientas y los conocimientos eran muy escasos. Pese a una terapia con rayos, la enfermedad empeoró muy rápidamente. En una visita al hospital, el médico se quedó con una muestra de las células cancerosas, sin el consentimiento de Henrietta ni de su familia.

Henrietta se despidió de los suyos ese mismo año, en el anonimato absoluto. La familia siguió adelante como pudo, con problemas económicos, sin una mínima cobertura médica; sin saber que un investigador había logrado lo que nunca antes: las células de Henrietta podían mantenerse en cultivo indefinidamente: eran las primeras células inmortales.

La condición humana mostró entonces sus dos facetas: mientras las empresas privadas hacían fortunas con las células de Henrietta, su familia subsistía a duras penas. Pasaron dos décadas, y mientras Henrietta descansaba sin una mísera lápida con su nombre; sus células causaban un enorme avance en la investigación biomédica. Las células de Henrietta permitieron el desarrollo de la vacuna contra la poliomelitis, y comenzaron a ser usadas en investigaciones sobre enfermedades tan disímiles como el cáncer, la hemofilia o el parkinson.

Recién después de más de veinte años, en una sobremesa donde se reunieron, por azar, la esposa de uno de los hijos de Henrietta, con un joven científico, la verdad fue revelada. La mujer no salía de su asombro, de inmediato corrió a contarle a su esposo que las células de su madre estaban vivas, las habían llamado HeLa y estaban repartidas por todo el planeta. ¿Cómo nadie había informado a la familia?

En adelante, el curso de los acontecimientos fue acomodándose a lo que correspondía. La literatura hizo su parte: El libro “La vida inmortal de Henrietta Lacks” se publicó en 2010, para salvaguardar la memoria de aquella mujer única, una mujer que trascendió a través de sus células haciendo un bien enorme a la humanidad.

Henrietta Lacks se fue del mundo prematuramente a los 31 años. Dejó 5 hijos; dejó también un puñado de células que se convertirían en millones y millones, células que se volvieron inmortales en cultivo, las primeras de todas las células inmortales, que cual estrellas en la noche, acompañan a los investigadores, desde entonces, en el camino de la ciencia.

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Bibliografía

Skloot, R. (2011) La vida inmortal de Henrietta Lacks. Editorial Temas de hoy, España.

Domínguez, N. (2013). La polémica inmortal de Henrietta Lacks. En Materia; disponible en: http://esmateria.com/2013/03/29/la-polemica-inmortal-de-henrietta-lacks/

Angulo, E. (2014) El caso de Henrietta Lacks. En: cuaderno de Cultura Científica, disponible en:  http://culturacientifica.com/2014/10/06/el-caso-de-henrietta-lacks/

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